Lilium Vesta, la metáfora de María Pérez

Magda es la viruta que se desprende de la memoria del amor. El amor, en ocasiones, es una marcha hacia el desconcierto, pero también hacia la esperanza. Magda representa a una heredera descendiente de una de las potencias más esplendidas e inaplazables presentes en el ser humano, la imaginación de la fantasía o la magia como fabricante de asideros, a los que agarrarnos en medio de un paisaje agreste.

La escritura de María Pérez es como un gran afilador del tiempo. La escritora valenciana residente en Tenerife, vuelve a darle los mejores argumentos a quien, después de leer Lilium Vesta, regresa de una situación de emociones profundas con expresión disimuladamente ojiplática. Ella practica el difícil oficio del hermetismo sencillo en tiempos tan proclives al histrionismo de la nueva escuela de exhibicionistas sentimentales. 

María es intuitiva hasta no poder más y busca una “nueva” realidad para sacudirse la áspera racionalidad e ir más allá. Sin convertirse, necesariamente en una negacionista de la razón como herramienta para el entendimiento, la autora del relato Lilium Vesta se dirige hacia un campo plagado de dudas y de certezas, el del universo de la magia, no como un sinsentido delirante sino como una fuente de caudalosa imaginación creativa. Ese mundo mágico presente en su particular cosmovisión como escritora y como persona, no le impide la ordenación exacta de su propio argumentario con el que pone en valor el desarrollo de unos hechos y el cierre del relato.

Magda, la protagonista de Llilium Vesta, es una mujer que parece un suspiro amoroso dilatado. Ella es el dolor a medias, como el borracho que se emborracha siempre con medios wiskis que nunca termina. Magda parece vivir en una especie de burbuja o nave espacial que funciona a través de los automatismos vigentes en la melancolía. Magda está bañándose en el mar profundo de un amor desafortunado, cuando el jefe del periódico en el que trabaja, la llama. Un contratiempo rompe sus planes previstos para una jornada de tranquilo asueto, en la cual, disfrutar del interminable viaje a esa soledad morbosamente gustosa de entregarse al desamor, como algo antiguo y heredado a través de los años. Toca reinventarse sobre la marcha y cubrir la baja de una compañera que ha caído enferma. Magda vuelve a la vida, a ese mundo externo que suele manifestarse siempre como una realidad ajena a los dolores y pasiones más íntimas que cada uno de nosotros lleva dentro. Magda es el futuro en una sociedad de risas perpetuas y alegrías impostadas. Ella transporta un mensaje porque ella siempre le presta atención a su propia voz, a la tan temida voz interna. El mundo es de las valientes como Magda, porque su existencia es la significación clara de un postulado basado en altas dosis de inconformismo. Ella tiene sus propias reglas y con ellas se resiste a terminar viviendo en el bucle vacío de la alegría barata, simplemente porque la melancolía pudiera en una remota posibilidad que Magda no contempla, representar la fealdad de la vida.

Este hermoso y metafórico texto de María Pérez, forma parte de un libro de 31 de relatos como espléndido cierre a un largo proceso de concurso literario, convocado por la librería Libro en blanco de Santa Cruz de Tenerife y al que concurren gran cantidad de trabajos de las más variadas nacionalidades. La publicación corre a cargo de la editorial Taoro.