Breve reseña de Julio Verne y nuestro viaje al centro de la Tierra

En 1859, el coronel Edwin Drake realizó en Pensilvania la perforación del primer pozo de petróleo de la historia y, entonces, el mundo cambió. Era la época de los inventos. Cinco años después de este hito en la historia reciente de la humanidad, el escritor francés Julio Verne, nacido en Nantes en 1828 y destacado precursor de la ciencia ficción, publicaba Viaje al centro de la Tierra. Un libro de aventuras, de realidades imposibles y enciclopédicos fragmentos de descripciones científicas, que alumbran la construcción de una portentosa novela.

portada viaje al centro de la tierra

Portada de "Viaje al centro de la Tierra" de Julio Verne | AH

'Viaje al centro de la Tierra', es un nítido reflejo de una época en la que el apetito por el desarrollo del conocimiento científico y tecnológico iba a más. ¡Qué gloriosas fueron aquellas épocas en las que el hambre insaciable por descubrir la luz del progreso alejaba al ser humano de la oscuridad y del miedo!

Julio Verne es un escritor, pero también es casi un arquetipo, el ejemplar más puro del hombre completo que profundiza en amplios y vastos espacios del conocimiento. En 'Viaje al centro de la Tierra', vemos a un Julio Verne detallando su saber en vulcanología, en mineralogía y en geografía. Es el viaje desde la biblioteca para llevar a cabo el brillante empapamiento del saber. 

El profesor Lidenbrock, experto en mineralogía, es una personalidad áspera y obsesiva que centra todos sus esfuerzos inmediatos en un único objetivo: descifrar las claves presentes en un criptograma escrito por el alquimista islandés Arne Saknussemm. Dichas claves, que indican cómo llegar al centro de la Tierra, son descubiertas por su sobrino, Axel, hombre joven e ingenuo, poseedor de una despierta inteligencia, pero con un temperamento radicalmente opuesto al de su tío. La cordura presunta del científico, que ilumina sus pasos organizando expediciones imposibles, frente a la juventud de Axel, muchacho de carácter terrenal y conectado a la lógica del mundo de un hombre joven, que no quiere marchar a la aventura loca de viajar a Islandia y emprender la descabellada empresa de alcanzar el volcán Sneffels e introducirse en su cráter para hallar la gruta que conduzca al centro mismo del Globo Terráqueo. Un personaje, el de Axel, que va evolucionado durante el transcurso de la novela, pasando de ser casi un adolescente despreocupado a convertirse en hombre sereno e instruido. 

En medio de la penosa ruta y guiados por Hans, hombre tranquilo y antiguo cazador de aves, aparece el nombre de Saknussemm, autor del célebre criptograma, escrito en una roca. Un golpe de lucidez al ánimo de los expedicionarios. El viaje es real y no una delirante interpretación del profesor Lidenbrock. El camino para llegar al centro de la Tierra existe.

Los tumultuosos episodios se suceden; la fértil imaginación de Julio Verne nos regala auténticas joyas de meritoria originalidad. Los kilómetros que recorren bajo tierra, por el sinuoso itinerario del interior de la corteza terrestre. Una brújula dislocada que engaña, y la salida a la luz del mundo a través de un volcán en erupción en la isla italiana de Estrómboli

La fascinación por lo desconocido, por una cultura del entusiasmo nacida en occidente en el siglo XIX, el siglo en el que la economía y la ciencia se dieron la mano para caminar juntas. Tal vez fue una breve interrupción en la indolencia general de la pereza, que siempre nos conducirá a la oscura fantasmagoría de la ignorancia. Julio Verne, llegó a afirmar que “todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad".