El último ‘vuelo’ de Cayol

Gilberto Cayol efectuó su último 'vuelo' el 3 de junio de 1959. Tenía sólo cincuenta años. Tres días antes, ya gravemente enfermo, recibió el homenaje de todo el fútbol canario. El Heliodoro se volcó con el que ha sido, junto a Emilio Baudel, el mejor portero del Tenerife a lo largo de su centenaria historia. Esa tarde, el conjunto blanquiazul se midió al Real Unión, reforzado con algunos jugadores de Las Palmas, entonces en Primera División. El partido acabó con empate a uno y el acto fue un rotundo éxito en todos los aspectos. El equipo arbitral y los empleados se negaron a cobrar y cedieron todos sus emolumentos al fondo económico del partido. Y antes de inventarse la 'fila cero', muchos aficionados anónimos también contribuyeron con modestas aportaciones. Al final del choque, un seguidor blanquiazul, Jaime Peris, adquirió por 2.000 pesetas el balón con el que se jugó el encuentro, firmado por todos los jugadores. Y la cantidad también pasó al fondo común destinado al homenajeado y su familia.

Cayol ya no pudo participar en la cita, pero sí supo del cariño que siempre le guardó la afición tinerfeña. Siete años antes, en octubre de 1952, el Heliodoro ya le había mostrado su infinito afecto de manera directa y de forma espontánea. Fue durante el homenaje al legendario Matroyo, el que fuera jugador del Tenerife y el Real Unión. Esa tarde, el 'plato fuerte' fue un enfrentamiento entre el Tenerife y un combinado de equipos de Primera Categoría. En los prolegómenos, con las gradas bastante pobladas, jugaban dos equipos de viejas glorias. Sorprendentemente para su edad, uno de los contendientes, el lagunero Victoriano, enganchó un disparo soberbio, imparable, arriba, a la escuadra de la portería que, con 44 años recién cumplidos, defendía Gilberto Cayol, retirado hacía una década. Los aficionados ya se preparaban para aplaudir tan bello gol cuando vieron a don Gilberto volar de palo a palo y sacar la pelota a mano cambiada, con su inconfundible estilo. El viejo Stadium se quedó unos segundos en silencio, antes de vitorear al mito.

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Gilberto Cayol, con el CD Tenerife

Los cronistas de la época no recuerdan “una ovación tan grande y ofrecida con tanto cariño” como la que le brindaron entonces a su viejo ídolo. Le agradecían así una década de dedicación a unos colores, interrumpida por la guerra civil y antes por su estancia en el Madrid, cuando se atrevió a competir con un mito universal, con Ricardo Zamora, con el que pasa por ser uno de los mejores porteros del mundo de todos los tiempos. Antes y después de convertirse en el único guardameta que sentó a Zamora en el banquillo, Gilberto Cayol triunfó en aquel irrepetible Tenerife de los años treinta, el que le derrotó al imbatible Madrid, el que ganó al Barça en Les Corts y al Atlético de Madrid en el Metropolitano, el que compitió por primera vez en la Copa de España, el que causó asombro en la isla de Madeira… En definitiva, en aquel Tenerife que muchos consideran el mejor de la historia [Cayol; Llombet, Morera; Arencibia, Cárdenes, Arocha; Felipe, Rancel, Chicote, Semán y Luzbel] y al que don Gilberto dedicó sus mejores paradas antes de, con solo 50 años, 'volar' hacia la eternidad.