El ‘show’ de Brito Arceo

En la segunda mitad de la década de los ochenta, el principal referente tinerfeño en la Primera División del fútbol español no era un jugador. Era un árbitro: Juan Manuel Brito Arceo (Santa Cruz de Tenerife, 1963), que a los 21 años había debutado en Segunda División y tres años más tarde se había convertido en el colegiado más joven en acceder a la máxima categoría. Su nombre empezó a escucharse mucho antes en el fútbol regional, cuando abandonaba los terrenos de juego entre aplausos, en medio de grandes ovaciones e incluso a hombros de los aficionados. Su carrera hacia la élite fue meteórica y sus actuaciones no bajaban del notable. Y el fin de semana en el que no le tocaba arbitrar en grandes escenarios, dirigía partidos de juveniles en la Isla sin que por ello se le cayeran los anillos.

Con estudios universitarios, pues tenía acabada una carrera como la de Económicas, algo inusual en los árbitros de entonces, reservaba sus escándalos para los amistosos. Y a ser posible, con la presencia del Tenerife. La hemeroteca recuerda algún espectáculo para el olvido en el Trofeo Teide, pero uno de los bochornos más sonoros tuvo lugar el 3 de febrero de 1988, en la final del I Torneo Internacional de Puerto de la Cruz que medía al conjunto blanquiazul y al Hamburgo SV, concentrado en la Isla durante la habitual interrupción invernal del campeonato alemán. Con el eterno Felix Magath como 'manager', el que aún es el único equipo que ha jugado todas las ediciones de la Bundesliga, mantenía jugadores que un lustro antes habían conquistado la Copa de Europa tras derrotar en la final a la Juventus de Turín.  

Eran el defensa Ditmar Jakobs o Manfred Kaltz, imponente defensa internacional, ejemplo de longevidad y fidelidad: jugó 19 temporadas en la máxima categoría con el Hamburgo y, siendo lateral derecho, marcó 76 goles en la Bundesliga. Para el Tenerife, que llevaba casi tres décadas sin jugar en Primera División, estos compromisos eran tan importantes como los oficiales. Y esa noche, en El Peñón, Pepe Alzate, entonces técnico blanquiazul, alineó a: Aguirreoa; Isidro, Quique, Sirvent, Luis Delgado; Tata, Guina, David, Salvador; Chalo y Víctor. O lo que es lo mismo, casi un 'once de gala' para un equipo que venía de ganar (2-3) en Huelva al Recreativo y aliviar su situación en la tabla, al colocarse octavo, con seis puntos de margen sobre el descenso y a cinco del 'imposible' ascenso a la élite. 

El partido ante el Hamburgo, que de amistoso tuvo poco, sólo fue 'normal' durante treinta minutos. Porque a la media hora, una agresión entre Quique Medina y el internacional alemán Grundel se resolvió con tarjeta amarilla para el jugador visitante y sin sanción para Quique, que merecía la roja. Entonces, el técnico del Hamburgo saltó al campo y zarandeó a Brito. No hubo sanción. Sí fue expulsado Okonski poco después, cuando el árbitro se inventó un penalti a favor del Tenerife que Víctor convirtió en el único gol del partido. Para el preparador alemán, que volvió a empujar a Brito, no hubo castigo. En la segunda mitad, los alemanes le protestaron todo y se burlaron constantemente de él, pero sólo expulsó a Jakobs, que le quitó la tarjeta amarilla y se la tiró al suelo cuando fue amonestado.

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Brito Arceo, árbitro tinerfeño

 En medio del caos, también expulsó a Tata, mientras el Hamburgo amenazaba con la retirada y Brito trataba de recuperar la autoridad. No sería su último show.