El Rincón de Tintín

No soy de fiestas, ni de copas y mis amigos me conocen, pero aquel día me desperté con una sensación diferente. Necesitaba un cambio de rutina y todavía las vacaciones estaban muy lejos; fue como cuando empiezas una media maratón y todavía te quedan dos horas por delante. No queda otra que armarte de todo tu valor...

Uno de mis amigos me dijo que había un local que sí me iba a gustar. “Este, sí...”, me dijo; “no como el anterior...”, pensé yo. Creía que se trataba de una de esas cosas que él solía decir, simplemente por decir algo. De todas formas, él me volvió a hablar con entusiasmo de este sitio, para reunirnos con más amigos. No tenía nada que hacer, así que lo escuché. Al fin y al cabo, era mi amigo y a los amigos siempre hay que tenerlos en cuenta.

 

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El local número cinco de la Plaza de la Concepción | IMAGEN: Flywus Studios.

 

Me recogió en su coche, aparcamos en La Laguna y fuimos caminando para encontrarnos con el resto, en el local número cinco de la Plaza de la Concepción. Hacía frío, como de costumbre en La Laguna. Desde que entramos tuve una sensación familiar, cálida, como si ya conociera el lugar. Nos encontramos con los demás, que ya llevaban un par de cervezas encima…
El Rincón de Tintín, era una terraza al descubierto; la verdad que no me esperaba aquel ambiente acogedor. “¿Te gusta?”, me preguntó mi amigo, el que había organizado el encuentro. No soy un tío demasiado expresivo, pero creo que él vio enseguida en mi rostro que aquello sí me gustaba. Soy difícil de convencer, pero cuando me gusta algo, me gusta de verdad.

 

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El local número cinco de la Plaza de la Concepción | IMAGEN: Flywus Studios.

 

Oktoberfest Tintinero, Cata de Cervezas, Fiesta Cubana, Nochebuena Old School, Fiesta Americana… eran algunos de los eventos de los que hablaba nuestro grupo. Uno de mis amigos, el que siempre soltaba el típico comentario, dijo: “Esta gente se mueve…”, y era verdad.
Tampoco soy de tomar copas, pero aquel día me tomé una, y dos, y tres... Después de todo, ese día no me tocaba conducir a mí. A lo largo de la noche me fui encontrando con viejos amigos: Guille, Alberto o Raúl estaban allí. De ahí la sensación de familiaridad.
Es posible que el cambio que yo estaba buscando en mi vida no estuviera tan lejos. Estaba muy cerca y con la gente de siempre.