El primer triunfo ante el Madrid

La historia del fútbol tinerfeño cambió en 1932. El Tenerife obtuvo el título insular, se ganó el derecho a participar en la Copa de España y se convirtió así en un equipo de referencia a nivel nacional. El asentamiento definitivo de Gilberto Cayol en la portería, el fichaje de Rafael Morera para reforzar la zaga tras su aventura peninsular, el crecimiento de Pancho Arencibia como todocampista y la cada vez mayor capacidad de desequilibrio de un genio como Bernardino Semán convirtieron al equipo blanquiazul en el líder del Campeonato Insular tras una inolvidable goleada (12-2) al Hespérides, con tantos un triple 'hat trick' de Arencibia, Semám y Rancel. Eso sí, para lograr el título insular, que daba derecho a medirse al Betis en dieciseisavos de final de la Copa de España, debía ganar al Iberia en la última jornada.

Lo hizo el 20 de marzo de 1932 con unos cinco mil espectadores en el Stadium, que vieron un gol inolvidable. Fue el 3-1 que cerraba el marcador a poco del final cuando Luzbel metió un centro al área al que Arencibia parecía no poder llegar por exceso de ímpetu en el remate, pues 'el divino calvo', portentoso rematador de cabeza, había pasado de largo y el balón quedaba a su espalda, imposible para el remate. Sin embargo, Arencibia se inventó un escorzo imposible: frenó en seco, giró el cuerpo, levantó una pierna hacia atrás y conectó a la pelota con el tacón mientras se daba una media vuelta para clavar el remate en la red de Lugo, guardameta del Iberia. El Stadium recibió el gol con pañuelos. Un par de décadas después, Di Stéfano marcaría un gol similar en Valladolid que aún hoy se recuerda.

Una semana después, el Tenerife embarcaba en el 'Villa de Madrid' para disputar su eliminatoria de dieciseisavos de final de la Copa de España ante el Betis, campeón de Segunda División por delante de Atlético Madrid, Sporting o Sevilla. Lo debió hacer recién desembarcado en Valencia, jugando como local en Mestalla (1-1) y sufriendo dos arbitrajes adversos, especialmente en el partido de vuelta, en el campo del Patronato (Sevilla), donde se quedó sin tres jugadores por lesión cuando no estaban permitidas las sustituciones, se le anuló un gol legal y se le sancionó con un penalti inexistente. Fue eliminado, pero se ganó un prestigio que facilitó la visita al Stadium del Madrid (entonces, en plena República, sin el título de Real), campeón de la Liga 31-32 sin perder un partido y que se presentó con todas sus figuras.

Image

En un Heliodoro abarrotado, un Tenerife que viste a rayas blanquiazules por deferencia hacia el rival, forma antes de medirse al Real Madrid con Ruperto, Ramos, Pestano, Llombet, Luzbel, Semán, Chicote, Felipe, Arsenio Arocha, Rancel, Arencibia, Cayol, Diego, Juan García (de pie); Morera y Esquivel.
A los Zamora, Ciriaco, Quincoces, Pedro Regueiro, Luis Regueiro, Olivares o Hilario, internacionales fichados de los mejores equipos nacionales, el cuadro insular, dirigido por Abrisqueta, opuso once tinerfeños: Cayol; Llombet, Morera; Arencibia, Esquivel, Arsenio Arocha; Felipe, Rancel, Chicote, Semán y Luzbel. Un inmenso Cayol, que un año después ficharía por el Madrid, sostuvo (0-0) al Tenerife en el primer partido. Y seis días después, un inolvidable gol de Semán permitió a los blanquiazules lograr su primer triunfo (1-0) sobre el 'gigante blanco'. La gira se cerró con un nueva victoria (2-1) local... y la confirmación de que el Tenerife era el nuevo referente futbolístico de la Isla. Un mes después, tres triunfos ante el Donostia –que así se llamó la Real Sociedad durante la República– lo confirmaron.