El primer oriundo

Antes de la ley Bosman. Antes de los pasaportes falsos. Antes de las 'nacionalizaciones express'. Antes incluso de la apertura de fronteras que trajo a España a futbolistas como Cruyff o Netzer y al CD Tenerife a los uruguayos Kraus y Ferreira, el club blanquiazul tuvo un jugador extranjero. En realidad, un oriundo. Con ese nombre se conocía a los jugadores, preferentemente sudamericanos, que tenían un permiso especial para actuar en la liga española pese a su condición de extranjeros por ser descendientes directos de españoles. Luego, con el tiempo, surgirían los falsos oriundos, aquellos que declaraban tener un “abuelo de Celta” o “una madre que nació en Osasuna”. Pero esa es otra historia.

La que nos ocupa es la del fichaje de Daniel Alberto Bergara de Medina (1942-2007), nacido en Uruguay, pero que con apenas veinte años se incorporó (legalmente) al fútbol español. Tras un lustro en el Mallorca y otro en el Sevilla, logrando con cada equipo un ascenso a Primera División, el 23 de diciembre de 1971 se incorporó al Tenerife cuando la entidad había recuperado su condición de equipo de Segunda División, después de tres temporadas en la categoría de bronce. La directiva presidida por José González Carrillo confió en Bergara para enderezar la marcha errática de un equipo sin gol, doce en dieciséis jornadas, lo que le había costado el puesto de entrenador a Javier García Verdugo.

En la Isla debutó con goleada (3-0) ante un Hércules que con el tiempo sería una fábrica de oriundos y que ya entonces tenía dos: el portero paraguayo Humberto y el delantero argentino Sarrachini. Y aunque no marcó, exhibió una calidad técnica notable. Y recibió los elogios unánimes de los rotativos tinerfeños. “El debut de Bergara ha influido lo suyo en este mejor rendimiento, pues en jugadas por él iniciadas se han fraguado los goles de su equipo y, por eso, al abandonar el campo, ya con 3-0 en el marcador, recibió una prolongada ovación”, se podía leer en uno de esos medios. Y ya con Héctor Núñez en el banquillo se hizo con la titularidad, con el 8 a la espalda, para disputar 21 partidos y anotar cuatro goles.

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Bergara.

Dotado de un magnífico toque de balón, Bergara brindó al tinerfeñismo el mismo juego preciosista que le caracterizó en sus años con el Sevilla, donde formó parte de una delantera todavía recordada: Lora, Bergara, Eloy, Berruezo y Lebrón. En la campaña 72/73, que inició en el banquillo Ignacio Eizaguirre y volvió a concluir Héctor Núñez, junto a las dotes técnicas ya apuntadas exhibió también una habilidad singular en el lanzamiento a balón parado para totalizar 31 apariciones entre Liga y Copa del Generalísmo, en las que anotó un total de seis goles. Eso sí, una dolencia de gemelos, que se hizo crónica, le impidió actuar en la recta final de la temporada y precipitó su retirada, con sólo 31 años de edad.

Unido sentimentalmente a una guía de viajes inglesa, trasladó su residencia a Gran Bretaña, donde triunfó como entrenador. En Tenerife lo hizo como dueño de una denominación ya desterrada, la de jugador oriundo.