El incendio que acabó con la historia

 El Tenerife es un equipo sin pasado. O con un pasado tan difuso que no ha concretado si se fundó en 1912 o en 1922. Si con el tiempo se ha trazado un rastro de sus veinte –o treinta– primeros años, ha sido por la impagable labor de aficionados o historiadores que han investigado por su cuenta para evitar que una época muy brillante de la entidad blanquiazul cayera definitivamente en el olvido. La historia 'oficial' murió en la noche del 19 de abril de 1945, cuando un incendio destruyó la sede del club, ubicada entonces en el número 16 de la calle del Castillo.

La voz de alarma la dio un guardia de la Policía Armada desde la calle San José. Y a las cinco de la madrugada, el olor a quemado despertó a los vecinos de la zona. El fuego se había iniciado en la Tapicería Valenciana, en la finca contigua. Y de ahí se propagó al edificio donde estaba la sede blanquiazul, sobre la mercería de la viuda de Marcelino Izquierdo y la relojería de la familia Villavicencio. No hubo víctimas y, tras cuatro horas, el servicio municipal de Bomberos y el cuerpo contraincendios de la Refinería de Petróleos apagaron las llamas.  

Eso sí, la sede social del Tenerife quedó arrasada y se perdieron sus enseres, su archivo, su documentación y su centenar de trofeos. Los del equipo de fútbol y los de las secciones de natación o baloncesto. No quedó una foto o un banderín que recordara las históricas visitas de Everton, Madrid, Athletic o Wien. Y también desapareció el balón cedido por Ángel Arocha con el que se jugó la final de la Copa del Rey de 1928. Ni siquiera quedaron los trofeos que ganó como Sporting Tenerife y que Juan Labory guardó en su casa para que nadie los embargara. 

Desde aquella noche, el Tenerife vive sin referencias oficiales a lo hecho en la primera mitad del pasado siglo. Meses más tarde, el presidente Heliodoro Rodríguez encargó a una platería madrileña – y pagó de su bolsillo– réplicas de algunas joyas destruidas por el fuego: la Copa de Oro de 1929, el trofeo logrado tras su victoria ante el Madrid en 1932 y el trofeo de la Liga Regional ganado en propiedad en 1943.También se salvó la copa cedida por el Everton tras su visita de 1934 y que Arturo Spragg, fundador del Sporting Tenerife, guardaba en su domicilio.  

El resto del pasado blanquiazul ardió aquella noche. Quedó la memoria, la tradición oral, la hemeroteca... y la labor de los historiadores para, por ejemplo, saber que el Tenerife continuó ese año 1945 su 'travesía del desierto', pese a recuperar al delantero Chicote y el portero Abel, que un año antes había fichado por el Atlético Madrid. Y en el ámbito local adquirió a los porteros Leoncio y Ortega, el defensa Basilio, los medios Daranas y Ramón, los puntas Mora y Luis García... o los también delanteros Peregrino y Andrés, del 'eterno rival' Real Unión. 

Pese a los refuerzos, el Tenerife no ganó nada. Eso sí, en una práctica que le daría fama planetaria casi medio siglo más tarde, se convirtió en el 'juez de la liga'. En este caso, de la Liga Regional, al arañar un empate contra el Victoria grancanario en el Stadium y dar el título al Hespérides. Antes, en un Campeonato Insular muy igualado, ocupó la cuarta plaza, pero a dos puntos del campeón Iberia, que en la última jornada se aseguró el título al golear al favorito Hespérides. Esta vez fue el Real Unión quien se quedó fuera de la Liga Regional.

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Trofeo de la Liga Regional

Eso sí, los 'gigantes' Marino y Victoria eran los favoritos en una competición en la que el campeón grancanario, el Marino que presidía Eufemiano Fuentes y lideraban los tinerfeños Victoriero, Zuppo o Luis Molowny, exhibió su nueva joya: el Estadio Insular, con capacidad para 15.000 espectadores. El Tenerife, dirigido por Rafael Morera, ganó como visitante a Atlético Las Palmas (1-3) o Gran Canaria (1-3) y acabó cuarto con un 'once tipo' formado por Leoncio; Llanos, Basilio; Mora, Conrado, Victoriano; Eusebio, Alfonso, Daranas, Rosendo y Peregrino. 

También tuvieron protagonismo Conrado, Ramón, Luis García, Andrés, Argeo Semán, Chicote, Torres, Alejandro o Paco López, hermano del expresidente Pepe López y en la actualidad socio número 1 de la entidad. Además, el el Stadium arañó sendos empates frente a Marino (1-1) y Victoria (1-1). Esta igualada, en la última jornada, hizo que el título fuera para el Hespérides lagunero, empatado a puntos con un Victoria en el que ya sobresalía un genio llamado Alfonso Silva, que sería internacional absoluto e ídolo del Atlético de Madrid.  

Casi medio siglo antes de 'regalarle' ligas al Barça, el Tenerife le hizo un presente similar al Hespérides, que obtuvo así el único entorchado regional de su historia. Eso sí, cuando más lo necesitaba, en aquel verano de 1945, no hubo forma de un equipo peninsular visitara el Stadium y así poder recaudar fondos para 'reconstruir' una entidad que se había quedado sin pasado por culpa de un incendio. Y que acababa aquel año con un presente muy oscuro. Casi tanto como el del propio fútbol tinerfeño. Pero esa historia se contará la próxima semana.