El ‘hat trick’ de Hidalgo

Antonio Hidalgo Morilla (Barcelona, 1979) es un clásico de la Segunda División. Catorce temporadas en la categoría de plata dominan una trayectoria que también incluye tras cursos en la élite con tres equipos diferentes: Tenerife, Málaga y Osasuna. En su primera etapa en la Isla –pues también fue blanquiazul en el curso 10-11, de infausto recuerdo– protagonizó el histórico ascenso de Leganés y disputó un total de 122 encuentros ligueros en un lustro como blanquiazul. Contó para casi todos los entrenadores, pues Lienen apenas le dio minutos, pero no fue titular indiscutible con ninguno.

Virtudes tenía muchas. O al menos apuntaba bastantes, pues excepto con Martín y Barrios careció de continuidad. Eso sí, le dio tiempo de exhibir criterio en la distribución, una notable técnica individual, aplicación en las labores defensivas, un aceptable despliegue físico y la versatilidad suficiente para poder jugar en la zona central del mediocampo o como interior con desborde y un exquisito centro por la banda derecha. Defectos no tenía tantos. Pero sí uno muy notorio: no tenía gol. Se asomaba bien al área rival, sabía sorprender desde la segunda línea, no iba mal de cabeza, mostraba un disparo potente desde larga distancia, pero...

O lo que es lo mismo: poseía todos los argumentos del todocampista llegador, capaz de anotar una docena de dianas por campaña. Pero no tenía gol. Hasta el 8 de enero de 2005 había marcado cinco tantos en el centenar de partidos de Liga que había disputado con el Tenerife, tanto en Primera División como en la categoría de plata, en la que entonces militaba el conjunto blanquiazul. Esa tarde en El Helmántico le hizo tres al Salamanca. Un 'hat trick' inolvidable en medio de la épica remontada (4-5) de un equipo que ese curso no había sido capaz de ganar en sus nueve desplazamientos anteriores y que al descanso perdía 4-2 y parecía condenado a sumar una nueva derrota.

De paso, aplazó durante dos semanas la destitución de su técnico, Pepe Moré, que ese día había recibido un ultimátum y se la jugó con: Kelemen; Edu Moya, Corona, Óscar Álvarez (César Belli, 45’), Bermudo; Hidalgo (Iker Garai, 93’), Vitolo, Jesús Vázquez, Raúl Martín; Cristo Marrero (Julio Hormiga, 81’) y Keko. No era un mal once, pero era también el del decimoquinto clasificado, a ocho puntos de la zona de ascenso. Y era también un equipo que a los tres minutos ya perdía por uno-cero. Y que aunque igualó dos veces el marcador en la primera mitad, poco antes del descanso recibió dos goles en un minuto, un signo distintivo de la entidad durante lustros.

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Antonio Hidalgo. | ACAN

En el intermedio, ya se ha dicho, el Tenerife perdía 4-2 y el choque parecía sellado. Y trascurrida media hora de la segunda mitad, el marcador no se había movido. Lo que no sabía el destino es que aquella tarde en El Helmántico se iba a producir la transformación de un futbolista: recibió a un mediocentro con criterio y despidió a un mediapunta con gol. Seis meses después, Antonio Hidalgo dejó el Tenerife y se fue al Málaga. En sólo tres temporadas hizo 29 tantos. Y en el Albacete anotó nueve en sólo un curso. Y sin tirar apenas penaltis. La transformación se produjo aquella tarde en El Helmántico.