El Teide

teide

Captación de la publicación original, de Tierra canaria | CEDIDA

Por José Clavijo Torres (*)

El Teide, ese majestuoso monumento geográfico que se eleva altivo en Tenerife a 3.700 metros sobre el nivel del mar, llena de satisfacción a nuestra alma canaria y es la obsesión de todos los que visitan las Islas.

Subir al Teide, atravesar sus montes de pinos, brezos y laureles; recorrer las cañadas, ver de cerca el cráter del coloso del Atlántico, visitar la Cueva del Hielo, respirar su atmósfera saturada de azufre, sentir los ruidos subterráneos… es para los isleños muy interesante, y más si nos acompañan personas nacidas en otras tierras, que, al hacer elogios de su grandeza, llenan nuestra alma de satisfacción y nos sentimos orgullosos de haber nacido a las faldas del coloso gigante.

Todos los días –dice Antonio Ribot en su libro “El paraíso de Taoro”–, al salir y ocultarse el sol, cumple como anciano padre de las Islas Canarias un sagrado deber, y a la primera luz del amanecer tiende, con su sombra, un puente ideal hacia La Palma, La Gomera y El Hierro, y otro al caer la tarde, sobre Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, dejando en cada una un beso de amor para sus hijas, como diciéndolas: “Amaos las unas a las otras”.

La naturaleza sabia trata de unir por este medio lo que al decir de la historia dividió el cataclismo…

Ya lo dice una de nuestras típicas folías: El Teide, todos los días, / besa a las Islas hermanas: / La Palma, al salir el Sol, / y, al ponerse, a Gran Canaria.
Yo evoco tu grandeza, viejo centinela del Atlántico. Vives orgulloso de tus hijas y de tu soberanía. Todos te admiran y te quieren. Tú, desde ese torreón florido y risueño de Tenerife, con tu melena blanca, das a los que llegan a tus playas el primer saludo de bienvenida y a los que partimos nos acompañas muchas millas para darnos el último adiós… Tú fortificas el cuerpo de los que en tu regazo viven y levantas el alma abatida de los que estamos ausentes…
Por eso te llevamos muy adentro grabado los que en tu tierra llena de encantos hemos nacido.

La Habana, marzo de 1930.

* CLAVIJO TORRES, JOSÉ

Era redactor de Tierra Canaria, de La Habana (1930-1931) y su fotografía figura en las páginas centrales del número 12 de la revista (febrero de 1931), con la de los demás colegas del cuerpo de redacción, al cumplirse el primer año de haber comenzado a publicarse. Una caricatura suya realizada por Pili, caricaturista de El Sol de Madrid, aparece en el número 11, correspondiente a enero de 1931. En Heraldo de Cuba publicó durante meses, en 1930, crónicas informativas de Canarias, encaminadas a dar a conocer las bellezas que encierran las Afortunadas. Usaba el seudónimo 'Tinerfe'. Según una N. de la R. (nº 11, enero de 1931), desde su llegada a Cuba se ha distinguido en el periodismo por sus crónicas informativas y el estilete delicado de sus críticas, todo en defensa de la colonia canaria. Era contador y profesor mercantil. Antes de emigrar a América había sido consejero del Cabildo Insular de Tenerife. Regresó a las islas después de que hubo desaparecido la revista, pues el periódico Informaciones (4-5-1935) da la noticia de que el compañero en la prensa acababa de ser nombrado cónsul de Cuba en Tenerife. Publicó Las manchas del destino. Reportaje novelesco (Santa Cruz de Tenerife, 1932), que escribió –confiesa– desde el otoño de 1931, en La Habana, hasta la primavera de 1932, en Tenerife. En esa obra anuncia la próxima edición de la novela Humo de viaje y del volumen Recuerdos (Crónicas, interviús y reportajes) que no hemos logrado localizar. Contrajo matrimonio con Juana García Clavijo. Padre del político tinerfeño Rafael Clavijo García. Nació en Tacoronte en 1895 y falleció en Santa Cruz de Tenerife el 17 de septiembre de 1968.

Eliseo Izquierdo: Periodistas canarios. Siglos XVIII al XX. Tomo I (A-F).

En sucesivas entregas de este blog, pretendemos dejar una muestra de la actividad periodística y literaria desarrollada por nuestro abuelo, José Clavijo Torres, en la Cuba de los años 30. Sobre todo, de su labor divulgativa de las Islas Canarias en la prensa habanera, a través de una serie de reportajes que publicó con el título genérico “De las Afortunadas”, así como fragmentos de crónicas de viaje y entrevistas a personajes de la época. Y también de su destacado papel en la Asociación Canaria de La Habana, donde fue distinguido con el título de Socio de Honor, y de su labor en el Consulado de Cuba en Tenerife en los años 30 y 40.