El descenso a Tercera División

En la primavera de 1968 no sólo hubo cambios profundos en la antigua Checolovaquia o en las calles de París. También el fútbol español vivió tiempos convulsos. Con Juan Antonio Samaranch al frente de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, se había dado el visto bueno a la Federación Española de Fútbol, presidida por José Luis Costa, para que remodelara las categorías nacionales. Y lo hizo de forma salvaje. La Segunda División, por ejemplo, que había permanecido inmutable durante una década, pasaría de 32 equipos divididos en dos grupos llamados Norte y Sur a un grupo único de veinte equipos. O lo que es lo mismo: perdía doce equipos. Además, había que dejar hueco a los equipos que llegaban de la Tercera División.

De los dieciséis grupos que había en la categoría de bronce sólo salían cuatro ascensos directos. No era fácil subir: tras ganar la competición era preciso superar luego dos eliminatorias. También había otro cuatro puestos de promoción para los campeones de Tercera División que superaran una eliminatoria y cayeran en la siguiente. Hechas las cuentas, se llegaba a una dura conclusión: esa temporada descendían 16 equipos en Segunda División y disputaban la promoción de permanencia otros cuatro. Como el intercambio con la élite no se modificaba, el reparto en cada grupo de Segunda División quedaba así: un ascenso, un puesto de promoción de ascenso, cuatro equipos que se quedan en la categoría, dos que promocionan por la permanencia y ocho descensos.

Conocidas las reglas del juego, todos los equipos se reforzaron al máximo. Con poco dinero en las arcas, la entidad blanquiazul tiró de cantera y novedades asequibles: Bernal, Correa, Moli, Franci, Óscar, Pepe Juan, Vázquez, Vicente… Y pagó dos ausencias vitales: la de Alberto Molina –que estuvo año y medio de baja y no jugó un partido en todo el curso– y la de Justo Gilberto, traspasado a la UD Las Palmas. La inestabilidad en el banquillo tampoco ayudó: José Luis Riera duró dos jornadas y Ramón Cobo fue cesado a tres jornadas del final. El curso lo acabó Santiago Villar, un técnico de la casa. Pese a todo, apoyado en los goles de José Antonio Barrios, el Tenerife llegó a la última jornada en la séptima plaza y en zona de promoción.

El 28 de abril de 1968, el Tenerife cerraba la competición en el campo del ya descendido Levante, que tenía la oportunidad de 'salvar' a su eterno rival: el Mestalla, filial del Valencia. Algunos jugadores locales no estaban por la labor y visitaron el hotel donde estaba la expedición blanquiazul para anunciar que, por un módico precio, facilitarían la victoria blanquiazul. En pleno vacío de poder y sin dinero en efectivo, los dirigentes del Tenerife que acompañaron al equipo no pudieron atender las peticiones de los jugadores del Levante, que interpretaron la negativa a negociar como una afrenta. Y al día siguiente salieron a morir ante un equipo que formó con: Gómez; Godoy, Rincón, Álvaro; Óscar, Sicilia; Cabrera, Morín, Barrios, Lorenzo y Franci.

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Formación del CD Tenerife, temporada 67-68

Un triunfo le podía dar la permanencia directa, pero una derrota le condenaba al descenso si Mestalla y Ceuta pactaban un empate que les llevaba a ambos a adelantar a los blanquiazules y ocupar las dos plazas de promoción. Al final, obviamente, Mestalla y Ceuta empataron. Y el Tenerife fue incapaz de sobreponerse al gol que logró el local Suárez a la media hora de juego. Perdió el partido (1-0), acabó noveno y descendió.