El debut de Villar y Antonio

“El fútbol tinerfeño tocaba fondo a finales de los años cuarenta” se leía en el resumen de 1947. No se habían formulado aún las 'leyes de Murphy', una de las cuáles dice que “cualquier situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar”... pero eso fue lo que ocurrió. ¿La razón? Tras siete ediciones, desapareció la Liga Regional por la retirada masiva de equipos grancanarios en 1947, con el Marino como líder de la rebelión. Y así, en la campaña 47-48, el fútbol tinerfeño –y el grancanario– quedó recluido al ámbito más estrictamente local.

Aunque había negociaciones con la Federación Española de Fútbol para 'equiparar' los campeonatos insulares con la Tercera División, lo que daría derecho a buscar el ascenso a la categoría de plata, el fútbol canario aún no tenía opciones de participar en las competiciones de carácter nacional. Y ya no existía el consuelo de tomar parte en la Copa del Generalísimo, ni jugando como local en un campo peninsular. En esas circunstancias, se agradeció la decisión de la Federación Tinerfeña de 'repescar' al Real Unión y ampliar el Campeonato Insular.

Tenerife, Real Unión, Iberia, Price, Hespérides y Norte fueron los participantes en un torneo que vio como se mantenía el proceso migratorio en el fútbol insular: Durán (Hespérides) se fue al Córdoba; Llanos (Tenerife) y Mota (Price), al Tarragona... Por contra, el Real Unión recuperó a Mendoza (Español) o los exblanquiazules Servando y Rosendo, aunque éste sufrió un accidente en la Refinería en el que perdió una pierna. Ahí se le escapó el título a los de El Cabo en favor del Hespérides, campeón invicto al ganar al Unión (1-0) en la jornada final.

En aquel Hespérides que dirigía Augusto Hardisson brillaban el portero Cándido y una delantera que aún recitan aficionados laguneros: Palma, Méndez, Florencio, Agustinada y Anita. Eso sí, en la Copa de Canarias no pudo con el Marino, campeón grancanario. ¿Y el Tenerife? Sumó tres empates y cinco derrotas en las ocho primeras jornadas y, cuando parecía condenado a ser colista, goleó (5-1) al Norte y eludió la última plaza al ganar (2-4) al Iberia en el cierre. ¿La razón de la mejora? El debut de dos mitos: Santiago Villar y Antonio Pedrero.

Santiago Villar (1929) estuvo en activo hasta el curso 62-63 y es una leyenda viva del Tenerife. Mediocentro con criterio y recorrido, disputó 256 partidos oficiales como blanquiazul en competiciones nacionales y más de setenta en el ámbito regional. Tras su retirada, ocupó el banquillo hasta en tres etapas, siempre como técnico interino. Y Antonio Pedrero (1930-2007) es el máximo realizador de la historia del Tenerife. Ariete que jamás daba un balón por perdido, marcó 154 goles oficiales como blanquiazul, 83 en competiciones nacionales.  

Sólo por el debut de Villar y Antonio, el curso 47-48 merecería ser inolvidable para el Tenerife. De hecho, Antonio hizo cinco tantos en los partidos citados del Campeonato Insular ante Norte e Iberia que impidieron que el equipo blanquiazul fuera colista. Y con otros ocho goles (en cinco partidos), fue vital en la conquista de la llamada Liga Insular, competición disputada por los 'seis grandes' a una sola vuelta y que suplía a la Liga Regional. En la cita decisiva, el Tenerife se impuso (2-1) al Hespérides con tantos de Gaspar y Antonio. 

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Antonio y Villar, con la camiseta del Tenerife

Manolito; Mora, Basilio; Victoriano, Villar, García; Gaspar, Santacruz, Antonio Arbelo y Peregrino compusieron el 'once' de un Tenerife en el que los defensas Isidoro y León, el medio Eusebio o los delanteros Paco López y Alejandro tuvieron protagonismo. Eso sí, 1948 acabó como todos los años: con media docena de traspasos a los equipos peninsulares, con el Real Unión como perjudicado al vender a Servando al Celta y Ortega, Bethencourt y Mario al Santander. ¿Y el Tenerife? Pues fichó al defensa Llanos (Price) y al extremo Quintero (Norte). 

Y bendijo haber dado la oportunidad a Villar y Antonio, dos futbolistas que se ganaron un hueco en su historia.