¡Me rindo al convite de estas buenas señoras!

Agosto, suelo insistir, es un mes divertido. Y fructífero en ‘escapadas’ cercanas que acercan mucho a fogones, al recetario de antaño. Si uno se empeña en cultivar esos buenos hábitos se podrá beber de sabiduría y experiencia en la interpretación del recetario popular de todas y cada una de las Islas.

Sobre todo, de la mano de señoras mayores aunque, no crean, los señores se dan muy buenas mañas. Aprendían de sus abuelas y madres en las cocinas, y ellas aquilataron todo ese valor en años en los que la restauración y la cocina en casa era directa y franca. Tiempos en que había lo que había.
En cierto modo, yo quise reflejar escenas costumbristas en el libro que publiqué titulado "Las andanzas de Doña Josefa y Greñamillo", editado por Francisco Almeida.

Damas que se enamoraban de la cocina, con aquella harina con la que elaboraba, en épocas pasadas, el pan normal, pan de papa y pan de huevos. Y torrijas de carnaval cuando llegaban las fechas. ¿Quién no recuerda a alguna mujer de su entorno que cocinaba esos platos exquisitos, hechos con amor, a fuego lento?

Platos que quedaron grabados en nuestra memoria, ya que no solo eran comida, estaban también acompañados de conversaciones, miradas, risas, olores,… ¡ambiente de hogar!”, afirma Concepción Pérez Tejera, autora del libro “Las recetas de mi familia”.
En aquella extraordinaria colección “El sabor de las Islas” del recordado José H. Chela, el periodista y escritor rescataba las recetas de Doña Eustasita –“celebérrima cocinera de Tiscamanita”-, en el volumen dedicado a Fuerteventura, que hablan por sí mismas de una cocina gustosa de la isla majorera: calamares en salsa de almendras, medallones de gallina, salmonetes al horno y culminación dulce del bizcocho de almendras y el flan de pan duro.

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En La Gomera, concretamente en el Caserío de Las Hayas (Valle Gran Rey), el icono absoluto es Doña Efigenia, célebre en la Isla Colombina y en el extranjero –mucho en Alemania- por esos condumios y pucheros para vegetarianos. Una estupenda especialidad: el “pasticho” (parecida a la lasaña) que se preparaba mucho en Venezuela.

Platos directos y sabrosos, encantadores como así es también esta señora de los fogones; eso sí, basados en las verduras, pues la cocinera no atiende géneros cárnicos ni frutos de la mar, en convicción de propuesta vegetariana.  “Aprendí de mi madre y práctica de muchos años. Respetar la naturaleza pura es muy importante”, afirmaba una de estas damas de la cocina canaria. En resumidas cuentas, producto local y sostenibilidad ¡más de medio siglo atrás!

A Casa Brígida (Lanzarote) acudían los clientes a disfrutar de las viejitas, del atún encebollado y del marisco. Las clacas, que hoy ya ni se ven… Me cuentan que había buena mano para los productos del mar porque de carne había poca cosa; y de los postres bizcochón, flanes,…

Damas, insisto, que optan por lo más natural:
una garbanzas de rechupete, potajes de berros con ñames (y toda la variedad), el rancho canario, la carne de cochino,… y, para los golosos leche asada, el frangollo o el arroz con leche. Después del condumio, reflexionemos con un chupito de gomerón.