Frutas y verduras, producto local canario en un 'periquete'

Si se repasa con detenimiento, Canarias propone -sigue proponiendo- un selecto y variopinto puñado de diversidad tanto frutícola como hortícola, incluso legumbres que reciben esos aportes de terruños volcánicos.

Casi sin pensar, aparece ante los canarios-as la secuencia visual de frutales y verduras que ya, a estas alturas, no es que precisen carta de presentación. Aguacates, papayas o mangos, cebollas o tomates, papas y batatas… siguen llamando la atención en las Islas y fuera de ellas.

Sobre todo, estos productos locales del Archipiélago ya están decididamente vinculados a evidencias que reclama la sociedad actual: las tendencias gastrosaludables y de alimentación sana junto a la creciente preocupación por reforzar la sostenibilidad de nuestros campos, huertos y paisajes.

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No vamos a descubrir las bonanzas de iconos plenamente reconocidos, caso evidente de la papa, el plátano o el tomate, referentes de la comercialización a mercados peninsulares e internacionales.

No en grandes volúmenes pero sí quilates de identidad derrocha un género tan humilde pero que tanto hizo antaño como la cebolla, de contrastada excelencia como la de Gáldar (Gran Canaria), la de Lanzarote o las de Guayonge, Masca o Los Carrizales (Tenerife). Por cierto, Arrecife de Lanzarote anunció que va a revivir estampas de antaño de este cultivo excepcional con una Feria-Fiesta que se desplegará en el Muelle de la Cebolla en fechas por concretar a causa de la crisis sanitaria.

Canarias es una de las regiones del mundo más ricas en biodiversidad agrícola y silvestre, y en su momento todo lo que fue insólito (mangos de Tenerife, mangas de Mogán, piña de El Hierro o de Buenavista, papaya, aguacates, mamey colorado, pitaya, caqui, el fruto de la estrella, la carambola…) actualmente está plenamente integrado en la cesta de la compra y dieta de los canarios-as. Son exponentes de un uso específico también en la cocina canaria actualizada de variedades que aquí desarrollaron lo más óptimo de sus respectivos fenotipos.

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Pensemos en la huerta canaria pero también su extrapolación en la olla: difícilmente un cocido de cualquier latitud es capaz de reunir tanta verdura incluso, en ocasiones, una curiosa invitada como es… ¡sí, la pera! No olvidemos esas manzanas reinetas de Ravelo (El Sauzal, Tenerife); las ciruelas o albaricoques en medianías de Gran Canaria, en San Bartolomé de Tirajana; la expansión del aguacate en Tenerife, La Gomera o La Palma.

Contrastan, estas de siempre, con frutas tropicales realmente poco –o nada- conocidas que se cultivan en nuestra tierra. Un vivero del nordeste de Tenerife, concretamente en Bajamar, alcanza un grado más que llamativo con 85 variedades de frutas exóticas. 

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A saber, la fruta del pan, la jackfruit, de la misma familia con sabor intenso algo así como de piña-plátano-mango; la atemoya verde y roja, esta una de las mejores frutas exóticas del mundo por su sabor; el mamey colorado, que en Canarias aumenta el sabor porque se desarrolla más lentamente; espectacular la guanábana natural (formidable para zumos saludables) y, cómo no, la carambola, al natural pero que está muy buena asada. También el longán, conocida como ‘ojo de dragón’, con apariencia de uva que tiene muy buena acogida, dulce y más sabrosa.

Por su parte, la cocina de las verduras parece que va ganando batallas, más aún cuando se nos presenta el referido puchero canario. Relevante, sin duda, los puntos de cocción (excesivos en la cocina "tradicional") maltratando los atractivos que citábamos de los géneros de la huerta.
Francisco Belín
Artículo rescatado de la revista NT Binter