El bebé de cinco meses murió por rotura de hígado y fallo multiorgánico

Los forenses han determinado este miércoles que la bebé de 5 meses murió por una rotura de 9 centímetros de largo en el hígado, así como por un fallo multiorgánico producto de la hemorragia interna que provocó la herida, una muerte que, en cualquier caso, no fue accidental y requirió de terceras personas.

Durante la tercera intervención en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife este miércoles, los peritos y forenses han repasado los informes y diagnósticos tras examinar el cuerpo de la niña, cuya madre, Irene T.T. y padrastro, Joel M.M., están acusados de asesinarla.

Los forenses han determinado que la evaluación interna reflejó decenas de lesiones y hematomas superpuestos y de distinta antigüedad en su cuerpo.

El juez del procedimiento ha evitado que los forenses mostrasen a los miembros del jurado las fotografías de las lesiones internas de la bebé por su dureza.

La muerte de la menor requirió de la intervención de “terceras personas”, según un forense, porque no solo detectaron un único golpe, sino “un montón de marcas de presión”, así como una hemorragia masiva con signos de coagulación, es decir, que el cuerpo invirtió varios minutos en tratar de reparar la herida hepática.

Los científicos barajan algunas hipótesis de cómo pudieron producirse exactamente estas lesiones, y han nombrado una presión “muy fuerte, muy profunda” en el abdomen de la víctima que le alcanzó la columna vertebral, múltiples traumatismos superpuestos y de distinta data, y sacudidas violentas. “Comprobamos marcas de presiones en todas zonas, y en órganos muy profundos y de forma repetida. Eso nos hace pensar que no fue un accidente”, han coincidido los forenses.

Además, evaluaron sangrados ya no solo superficiales, sino dentro del duodeno, región intestinal cercana al hígado, y en las costillas novena y décima, las cuales, aunque no se fracturaron porque los huesos de los bebés son elásticos, sí sufrieron el equivalente a una fisura.

En esa línea, los peritos también han determinado que las heridas que recibió la bebé en el hígado fueron “mortales” de no recibir atención médica, un órgano que, en el caso de los recién nacidos, es proporcionalmente más grande que el de los adultos porque son aún más importantes durante esa etapa.

La rotura alcanzó los 9 centímetros de longitud y 3 de profundidad, una herida “muy dolorosa” agravada por el hecho de que, según los forenses, el umbral del dolor de los bebés es menor que el de los adultos. Encontraron asimismo sangre en la zona del peritoneo que debió de producirle también un dolor similar al de una peritonitis.

Análisis posteriores también detectaron restos de metabolitos de THC, principio del cannabis, en las muestras de la bebé, lo que indica que fue receptor pasivo de dicha droga horas antes de su fallecimiento.

Por lo demás, uno de los técnicos sanitarios de la ambulancia medicalizada que intervino la mañana del 27 de mayo del 2018 en la reanimación la bebé, ha declarado que escuchó a alguien que no pudo identificar diciendo que “pegaban” a la niña porque lloraba “demasiado”.

Todos los técnicos sanitarios de esa segunda ambulancia han coincidido en determinar que la bebé de 5 meses presentaba muchos hematomas por varias zonas, como la cara, las orejas, el flanco derecho del tórax, el abdomen, la espalda o los muslos.

Todas las lesiones eran lo suficientemente graves como para que la mejor opción de cara a la salud de la bebé fuera llevarla a urgencias para que recibiera atención médica, según la declaración de varios sanitarios. Hematomas provocados muy probablemente por golpes, lo que contraviene la versión de la acusada, Irene T.T., de que se le había caído en la bañera durante la ducha la noche anterior, porque las evidencias físicas visibles en ese momento no concordaban físicamente con una única caída.“Esa niña había recibido muchos golpes. Desconozco cómo los recibió, pero los recibió. No parecía una muerte natural

Tal y como dijeron ayer los técnicos de la primera ambulancia, la niña estaba muy pálida, muy fría, con los labios violetas, sin dar muestras de vida, y nunca llegó a reaccionar a la reanimación. “Las costillas se hundían como si estuvieran fracturadas cuando le apretábamos con los dos dedos”, ha añadido uno de los médicos.

Los ojos, “muy bonitos y grandes”, según uno de los testigos, estaban abiertos y deshidratados y con las pupilas dilatadas, lo que significa que el cerebro de la niña carecía de riego sanguíneo y, por lo tanto, de reflejos.

Sus venas estaban colapsadas, es decir, que la sangre ya no corría y se había coagulado, por lo que también resultó complicado colocarle una vía. Y no presentaba a simple vista livideces, unas manchas propias de un cuerpo que lleva varias horas inerte.