El adiós de Pepe López

Catorce años y seis meses. Ese fue el tiempo que José López Gómez estuvo al frente del Tenerife. Cinco años y un mes en su primera etapa y más de nueve años en la segunda. Las dos veces fueron a buscarlo porque nadie quería hacerse cargo del equipo. Las dos veces tuvo que irse entre broncas y desplantes. Si su primera etapa (1962-1967) fue convulsa, la segunda (1977-1986) lo fue aún más. Quizás porque duró más tiempo. En casi tres lustros de mandato casi nunca tuvo oposición porque nadie quería hacerse cargo de un 'muerto' que costaba tiempo y dinero. Sólo una vez acudió a las urnas. Y ganó. Por los pelos, pero ganó. Fue en octubre de 1981, después de aplazar unos comicios que tenían que haber sido en enero de ese mismo año, cuando se cumplía el primer mandato de su segunda etapa, tras suplir a Julio Santaella.

En las vísperas de aquella cita electoral que le midió a Avencio Hernández Abreu dio un golpe de efecto decisivo: tras cuatro años de encierros, cruces de acusaciones y peleas constantes con la plantilla, logró que los jugadores le ofrecieran una comida-homenaje y le mostraran su apoyo explícito “por su gran labor con la cantera”. Dos días después se imponía en las urnas por 530 votos a 466. Lo hizo con el club en Segunda División B por cuarta temporada consecutiva y empezando la que iba a ser su peor temporada en las categorías nacionales… aunque entonces sólo se habían jugado dos jornadas y aún no había tenido tiempo de dejar de pagar a la plantilla. Un par de meses más tarde, los futbolistas ya estaban otra vez pidiendo su marcha y lamentando su reelección. Y la situación no cambió mucho en los cuatro años siguientes.

Se exceptúa, eso sí, el glorioso paréntesis del curso 82-83 con el ascenso a Segunda División. Pero en la campaña 85-86 la situación rozó el esperpento: agresiones al entrenador, impagos, encierros, multas, fichajes calamitosos, peticiones de dimisión desde la plantilla… Además, el equipo quedó pronto condenado al descenso y surgió una novedad: una oposición organizada, la Alternativa Blanquiazul, liderada por Javier Pérez. Y el aficionado, harto, desertó en masa. Tras consumarse el descenso matemático una semana antes en Vallecas, al último partido como local, ante el Castilla, apenas acudieron mil personas a un Heliodoro que se caía a trozos. Al día siguiente, 12 de mayo de 1986, José López Gómez abandonó el Tenerife. Dejó al club con una deuda de 300 millones de pesetas y con José López Gómez –o sea, él mismo– como principal acreedor.

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Pepe López, en su estancia en el CD Tenerife

Eso sí, se fue con elegancia: anticipó su marcha para que se pudieran convocar elecciones a la presidencia en la Asamblea General Extraordinaria que se celebró un par de días después en la Jefatura Superior de Policía. Y en su carta de dimisión, leída en esa asamblea, deseó suerte a los miembros de la Alternativa Blanquiazul y lamentó que todos los organismos e instituciones que ahora apoyaban a Javier Pérez no lo hubieran hecho durante su mandato. Y para evitar especulaciones, anunció que su dimisión tenía “carácter irrevocable”. Cumplió su palabra.