El adiós de Juan Padrón

Antes de ganarse un hueco en la historia del fútbol español como dirigente, Juan Padrón Morales (Tenerife, 1936) fue un centrocampista sobresaliente, de los mejores que ha tenido el Tenerife a lo largo de su centenaria historia. Nacido en La Laguna, se formó en el Ciclón, el San Juan (donde ya ejercía de secretario pese a su edad juvenil) y el Real Hespérides. Y a los 18 años, mediada la campaña 54-55, debutó en Segunda División con el conjunto blanquiazul, con Carlos Muñiz como entrenador. Aunque le costó definir una posición en el 'once', se convirtió en un comodín imprescindible durante una década: jugó en todas las posiciones del mediocampo, rindió aceptablemente cuando fue utilizado como defensa o como falso delantero centro y totalizó 226 partidos oficiales con la camiseta del Tenerife.

Además, es miembro del once que permanece grabado a fuego en la memoria de los viejos aficionados porque en la primavera de 1961 llevó al Tenerife a la máxima categoría por primera vez en la historia: Ñito; Colo, Correa, Álvaro; Villar, Borredá; Zubillaga, Santos, José Juan, Padrón y Domínguez. Sin embargo, el 5 de diciembre de 1964, en plena madurez como jugador, anunció su retirada del fútbol de manera sorprendente “por desavenencias con la directiva” que entonces presidía José López Gómez. En su día, Padrón no fue muy explícito y tampoco los dirigentes ofrecieron argumentos convincentes. Meses después le imponían la insignia de oro y brillantes del club. El reconocimiento premiaba la trayectoria de un futbolista al que su polivalencia transformó en imprescindible.

Por el camino, Juan Padrón fue durante años un objeto del deseo de la UD Las Palmas. Antes de que Martín Marrero, José Juan y Justo Gilberto dieran el salto a Gran Canaria a mediados de los años sesenta, el eterno secretario general de los amarillos, Jesús García Panasco, había intentado hasta en tres ocasiones el fichaje de Padrón. Y siempre encontró una negativa por respuesta. Fiel al Tenerife y a su trabajo en la notaría de Cruz Auñón, el todocampista lagunero optó por seguir en la entidad blanquiazul a costa incluso de perder dinero. Mucho dinero. Para entonces, tras permanecer sólo un curso en la élite del fútbol español, el Tenerife había regresado a Segunda División. Y avanzada la temporada 64-65, desarrollaba una campaña digna en el grupo Sur de la categoría de plata.

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Juan Padrón, primero por la izquierda de los que están de pie, en una formación del CD Tenerife de la temporada 57/58.

Con el austriaco Satur Grech en el banquillo, un equipo repleto de canteranos –que ese curso se haría con el Trofeo Amberes a la mejor labor de cantera– brillaba especialmente como visitante: había ganado en los campos de Cádiz, Onteniente y Melilla, sumando tres victorias en siete desplazamientos. Padrón había jugado con regularidad al inicio del campeonato, formando pareja con Borredá en el centro del campo. Suplido luego por Sicilia, nada invitaba a pensar que podía dejar el fútbol cuando sorprendió a todos al anunciar su retirada con el equipo en décima posición tras sumar dos triunfos seguidos. Atrás dejó once temporadas. Y también dejó para siempre una retirada inexplicable, con 28 años y en el mejor momento de su carrera. Después, eso sí, no le ha ido mal. Nada mal.