¿Qué es lingüística en el Siglo XXI?

Hace unos días, gracias a la nueva vía para comunicarnos con los alumnos que el confinamiento y la crisis del coronavirus nos ha regalado, es decir, el chat, me llegó una pregunta que me hacía un alumno de 4º de ESO. Me lo ponía, digamos, que interesante, a priori, puesto que son esos momentos en los que quieres compartir con tus educandos, eso que te han enseñando y amas, la lengua, y además entrar en la profundidades de la reflexión en torno a ella, hasta donde nuestro humilde conocimiento nos lo permite. Quería saber lo que es la lingüística, y además, valientemente, se preguntaba él, el alumno, qué es lingüística en el Siglo XXI. Me reí, sin ánimo de ofenderlo, como le expliqué. Lo que había sucedido, en relación con todo esto, es que me planteé el origen de un pequeño ensayo que escribí hace unos años y que jamás publiqué. Casualmente, ese ensayo se titulaba: "¿Qué es lingüística en el Siglo XXI?" Además le comenté que, recientemente, la hija de una amiga, profesora mexicana de Lengua, también me había hecho la misma pregunta y me había pedido leer mi ensayo. Ante todo eso, acabé invitándolo a que lo leyera. Lo mismo que voy yo ahora a ofrecerles –atrevido sé que lo soy– a ustedes, amigos lectores de EduKando.
El ensayo, escrito en enero de 2010 decía así: La definición de lingüística se ha mantenido bajo un mismo aspecto desde aquellos días de Ferdinand de Saussure. Es decir, una disciplina que se encarga del estudio científico, en profundidad, de las lenguas naturales y todo lo relacionado con ellas: idioma, léxico, forma de hablar, pronunciación, ubicación de las lenguas en un mapa étnico cultural y la determinación y búsqueda de lenguas perdidas, además de otros aspectos que se enfocan en torno al habla del ser humano. Bajo este aspecto, siempre hemos entendido que la diversidad lingüística propone y recrea leyes y normas para el habla, con el fin de concentrar el uso de la lengua en algo correcto. Además, estudia su funcionamiento general y de qué manera se comporta en el medio ambiente y en los seres humanos.

Hoy, en el Siglo XXI, esa necesidad se ofrece desde el sentido de la hermosa competencia en comunicación lingüística, el verdadero hecho de educar en derredor de la lengua

Si buscamos la definición de lingüística, nos podríamos quedar tan solo en este primer párrafo; sin embargo, creo que debemos ofrecer unas líneas a ese precioso viaje que ha elevado las alas de la lengua durante la historia del hombre. La lingüística es parte del referente del hombre ante la necesidad de comunicar. Hoy, en el Siglo XXI, esa necesidad se ofrece desde el sentido de la hermosa competencia en comunicación lingüística, el verdadero hecho de educar en derredor de la lengua, por el que apuesta hoy sin duda el docente, una necesidad que hace que construyamos el enseñar “una lengua para la vida”.
La lingüística moderna surge a partir del siglo XIX. Con la publicación póstuma de “Curso de lingüística general” (1916), de Ferdinand de Saussure. La lingüística, desde aquel entonces, se ha convertido en una ciencia integrada a la semiología. Por aquel tiempo, surgió la necesidad de marcar una diferencia entre la lengua (entendida como todo el sistema) y el habla (es decir, su puesta en práctica), así como también de hallar la definición de signo lingüístico (recurso donde se agrupa al significado y al significante).
Un siglo después, Noam Chomsky desarrolla la corriente del generativismo, que entiende a la lengua como una consecuencia del procesamiento mental del hablante y en la capacidad genética (o innata, dicho de otro modo) para incorporar y hacer uso de una determinada lengua.
Sin embargo, no debemos olvidar la figura del lingüista holandés Simon Dik, quien aportó la escuela funcionalista, que se puede definir como aquella rama que establece que el lenguaje no puede ser estudiado y analizado de manera independiente, sino que hay que tener en cuenta para ello también el uso que se le da al mismo. En la escuela funcionalista, Dik es una de sus máximas figuras, gracias a sus ideas y trabajos como el titulado “Functional Grammar”. Desde él, se otorga un gran valor a cuestiones o elementos tales como la variación lingüística o la pragmática. Un campo este último que se dedica a estudiar cómo el contexto en el que se encuentre el individuo influye en la manera de interpretar el significado en cuestión del mensaje.
Así, hemos de entender que el estudio de la lengua como sistema puede llevarse a cabo en distintos niveles: el fonético-fonológico (fonología y fonética), el morfológico (morfología), el sintáctico (sintaxis), el léxico (lexicología y lexicografía) y el semántico (semántica). Desde el punto de vista del habla, en cambio, puede considerarse al texto como la unidad superior de comunicación y a la pragmática, que hace foco tanto en la enunciación como en el enunciado.
De esta manera, sin detenernos en otros muchos capítulos de la Historia de la Lingüística, llegamos a la visión que se mantiene viva en el Siglo XXI, la de Emilio Alarcos Llorach. Como muy bien apunta Edita Gutiérrez en el capítulo correspondiente de la Enciclopedia de Lingüística Hispánica, de Gutiérrez Rexach, “Emilio Alarcos Llorach puede ser considerado el primer lingüista del siglo XX en España, pues introduce y consolida el empleo en la lingüística de un modelo teórico explicativo, frente al modelo preponderante en la primera mitad de este siglo en la Península, fundamentalmente descriptivo y basado en la gramática tradicional; y, además, no cabe duda de que la gramática funcional española tiene en Emilio Alarcos Llorach el autor más influyente. Además, si bien es cierto que Alarcos introdujo la lingüística moderna en España, en modo alguno renunció a todo cuanto de bueno pudiera rescatarse de nuestra larga tradición gramatical, lógicamente tras el pertinente análisis riguroso en aquellos aspectos que lo necesitaran”, señala.
Por otra parte, Emilio Alarcos Llorach debe su enorme relevancia a la solidez que ha construido para y por la lingüística, pero además cabe recordar que ha sido quien en 1985 comenzó la elaboración de una nueva “Gramática de la Lengua Española” (publicada en 1994). Eso fue después de la que en 1973 fue redactada por los académicos don Samuel Gili Gaya y don Salvador Fernández Ramírez con el título de “Esbozo de una nueva gramática de la lengua española”. El doctor Alarcos no cesó en su empeño y así publicó la que se llamó la “Gramática de la Lengua Española”, bajo las constantes e incesantes solicitudes incesantes de Dámaso Alonso.
Son retazos de los anales últimos de nuestra lengua, la española, que recorre el Atlántico, desde la vieja Europa, desde España hasta nuestra América y viceversa, y no para nunca en ese periplo lingüístico.
Pero hoy, ¿queda algo por hacer desde la lingüística? Sería una necedad decir que no; siendo eso así, ¿qué estaría yo haciendo mientras escribo estas letras? Por eso quiero vislumbrar, antes del término de este primer intento ensayo, qué queda por hacer hoy a la lingüística. A priori, he de decir que se trata de un enorme atrevimiento el mío, pero permítanme hacerlo, por ese amor que le tengo y tenemos todos, a nuestra lengua patria y a la ciencia que la estudia, la lingüística.

"Una lingüística que, al mismo tiempo, atienda a las propiedades de una facultad humana tal como es el lenguaje y también tenga en cuenta las exigencias del mundo contemporáneo y sus urgencias. Todo ello desde un enfoque interdisciplinario, o más bien, decididamente transdisciplinario.” (Giovanni Parodi)

En su discurso de incorporación a la Academia Chilena de la Lengua, pronunciado el 18 de abril de 2008, Giovanni Parodi, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile), expone su visión sobre el quehacer del lingüista en la actualidad, en el Siglo XXI, su ámbito de acción y sus responsabilidades frente a la comunidad científica y la colectividad. Así, este mismo académico chileno dice: “Defiendo y propugno una lingüística que atienda al uso, a la variación y a la variabilidad, pero que también se cuestione los fundamentos del lenguaje. Una lingüística que se acerque a los hablantes/escribientes y oyentes/lectores en sus diversos contextos cotidianos y aporte a las demandas de la sociedad actual. Una lingüística que, al mismo tiempo, atienda a las propiedades de una facultad humana tal como es el lenguaje, y también tenga en cuenta las exigencias del mundo contemporáneo y sus urgencias. Todo ello desde un enfoque interdisciplinario, o más bien, decididamente transdisciplinario.”
Se trata, por tanto, de buscar hoy una “lingüística que estudie la lengua para la vida”. En este sentido, quiero aportar algo desde mi aún situación de imberbe en el estudio de la lengua. Acerquemos la lingüística a la competencia en comunicación lingüística, tan viva, si cabe, hoy en las aulas. Nuestra lengua española, pero aseguro cualquier lengua, no puede estar viva si perdemos el sentido de comunicar que le daba el propio Saussure o Andrés Bello. Por ello, la vida de la lengua, se la da el propio ser humano, por la necesidad de la propia lengua en el uso de la comunicación y por el hecho de comunicar en sí, que nos ofrece el Siglo XXI. Una centuria en la que comunicar no es un hecho, sino una necesidad que abarca ya hasta lo digital.
Seguimos siendo, como diría Saussure: el principio del hablar, el principio de la historicidad y el principio de la tradicionalidad discursiva.

Nota bibliográfica:

-Lingüística Estructural y Funciona, https://www.lasnuevemusas.com/linguistica-estructural-funcional/
-Conceptos iniciales de lingüística, sacados de https://conceptodefinicion.de/linguistica/
-“Gramática de la Lengua Española”: https://cideargumentaciones.files.wordpress.com/2010/07/gramc3a1tica-de-la-lengua-espac3b1ola-emilio-alarcos-llorach-1994.pdf
-https://linguisticaatualcance.wordpress.com/2016/07/14/que-significa-ser-linguista-en-el-siglo-xxi/
-https://atlanticohoy.com/front/post/tag/comunicacion-linsguistica, Domingo J. Jorge “EduKando-Atlanticohoy.com”
Terminado este intento de ensayo, concluyo con la reflexión que me ofreció el alumno tras su lectura: "Eso es lo que me deja claro que quiero estudiar Filología, porque ustedes, los profesores, me han enseñado a amar la lengua y continuar aportando a mantenerla viva". Un chico de 15 años y reflexiona así. Algo estaremos haciendo bien. Está claro quiero seguir "EduKando".