La filóloga María Dolores Corbella Díaz recibe el aplauso del público del Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife tras recoger el Premio Canarias 2021 de Investigación e Innovación, en el acto central del Día de Canarias. EFE/Miguel Barreto

Dolores Corbellá, Premio Canarias 2021: "Canarias no es la periferia, sino el centro que une a los hablantes de las dos orillas"

Tubigú

Dolores Corbellá Díaz (1959, Santa Cruz de Tenerife) acaba de recibir el Premio Canarias de Investigación e Innovación, lo que la convierte, junto a mujeres de la talla de la pintora Maribel Nazco en Bellas Artes y la musicóloga Rosario Álvarez en Patrimonio Histórico, en una de las tres Premio Canarias de 2021.

Doctora en Filología y catedrática en Filología Románica a los 37 años,  ha dedicado toda una vida al estudio y la investigación, trayectoria que repasa en esta entrevista al medio digital canario AtlánticoHoy, en la que también comenta su experiencia como académica correspondiente de la Real Academia Española desde 2015, de la que llegó a ser candidata para ocupar el sillón "M", así como sus investigaciones y principales conclusiones sobre el español de Canarias.

 

 Ángel Víctor Torres, entrega a la filóloga María Dolores Corbella Díaz el premio Canarias 2021 de Investigación e Innovación, en el acto central del Día de Canarias. EFE/Miguel Barreto

 

- Ha recibido el Premio Canarias de Investigación e Innovación. Es la primera vez que lo otorgan en Humanidades. ¿Qué representa para usted?

El hecho de que este año lo hayan concedido a una filóloga significa que se cubre un vacío y una deuda histórica con las Humanidades. El avance en el conocimiento ha sido siempre el objetivo de mi carrera en la Universidad de La Laguna, por lo que constituye una gran satisfacción que se reconozca la labor que he realizado a lo largo de estas últimas tres décadas. Los proyectos que he llevado a cabo junto a Cristóbal Corrales han supuesto una revolución en nuestro ámbito, un avance significativo en el modo de tratar la lexicografía diferencial, y nuestros diccionarios han servido de modelo en otras áreas del español europeo y americano. Por tanto, son el resultado de una investigación ardua y prolongada, a la vez que respetada y muy valorada.

 

-Permítanos hacer un pequeño balance tras esta destacada trayectoria que aún prosigue. ¿Hacia dónde quiere ir? ¿Qué es lo que más le ha marcado hasta ahora en su carrera profesional?

Bueno, todavía estoy en activo, en plena madurez y con ánimo suficiente para continuar, al menos unos años más. Además, nos encontramos en un momento decisivo para mi disciplina, en pleno cambio. Los lexicógrafos estamos reflexionando sobre la manera de ofrecer los datos en un diccionario dirigido hacia los nativos digitales, un producto distinto en la forma pero que requiere de un trabajo filológico riguroso como el que hemos hecho. Es una etapa apasionante en la que resulta imprescindible la colaboración con los informáticos, una interdisciplinariedad que me fascina.

Mi carrera profesional ha estado marcada por la constancia, no hay otra manera de lograr los objetivos que te planteas, en esta y en cualquier otra investigación. El trabajo de un lexicógrafo es muy absorbente y requiere una dosis importante de disciplina, aunque siempre de una manera equilibrada. Hay una película reciente que lo refleja muy bien (Entre la razón y la locura), basada en un libro sobre James Murray, el director del Oxford English Dictionary.

- Desde 2015 usted es académica correspondiente de la Real Academia Española. Cuéntenos, por favor, cuál es su papel.

La categoría de académico correspondiente se creó en 1859 con la intención de que investigadores reconocidos de distintas áreas del español colaboraran con la RAE en la mejora de los datos de sus diccionarios. Mi papel, por tanto, es el de asesora, cuando así me lo solicitan.

En 1992 la Academia patrocinó nuestro Tesoro lexicográfico del español de Canarias; en 2011 nos concedió el Premio de investigación filológica por un trabajo que realizamos sobre las concordancias léxicas canario-americanas y, en diciembre de 2015, incluyó en su página web la segunda edición de nuestro Diccionario histórico de canarismos. Era la primera obra extraacadémica que se ofrecía en consulta abierta a través de la página institucional, con lo que ello supuso de reconocimiento a nuestro quehacer como lexicógrafos y de difusión de nuestro vocabulario patrimonial.

Además, en el caso del Diccionario Histórico de la Lengua Española (DHLE), mi grupo de investigación LexHis colabora en su redacción dentro de una red panhispánica que se creó formalmente el pasado mes de abril. Canarias tiene que estar ahí porque, como indicó Manuel Alvar, no somos periferia sino centro que une a los hablantes de las dos orillas.

 

Formamos parte de un mundo globalizado y el aislamiento que supone trabajar en un archipiélago no debe ser una excusa sino un acicate para difundir nuestros avances.

 

-¿El español de Canarias es el mejor estudiado? ¿Ponemos lo suficiente en valor lo que hacemos aquí?

Sí, la variedad canaria es la mejor analizada en determinados campos, y no lo digo yo, sino que lo reconocen nombres relevantes de la lingüística europea y americana. Durante estas últimas décadas hemos conseguido situarnos en la avanzadilla de los trabajos filológicos, no solo en lexicografía (en la confección de diccionarios diferenciales actuales e históricos), sino en otros ámbitos como la prosodia, las actitudes lingüísticas o la toponimia. Y lo más importante: nuestros logros y el de otros grupos de investigación punteros de las dos universidades públicas canarias han hecho que el habla del archipiélago se haya incluido en proyectos internacionales, como el que ya le he comentado de la Red panhispánica del DHLE, el proyecto AMPER (Atlas Prosódico del Espacio Románico), COSER (Corpus Oral y Sonoro del Español Rural) o PRECAVES XXI (Proyecto para el estudio de las creencias y actitudes hacia las variedades del español en el siglo XXI). Formamos parte de un mundo globalizado y el aislamiento que supone trabajar en un archipiélago no debe ser una excusa sino un acicate para difundir nuestros avances.

 

-Ha ido realizando diccionarios de las palabras canarias, del español canario actual. ¿Cuándo cree que se puede finalizar una obra tal? ¿Cuál es su complejidad?

No solo nos hemos dedicado al canario actual sino que, en un ejercicio de arqueología lingüística, nos adentramos en el origen y la evolución de nuestro vocabulario desde el siglo XV. Un diccionario nunca se acaba, y un diccionario histórico, menos. Los lexicógrafos hemos aprendido que, cuando terminamos la publicación de un diccionario, al día siguiente tenemos que abrir los archivos para continuar con el trabajo porque la lengua va cambiando, se va adaptando a las nuevas necesidades de comunicación y esto significa la creación o la adopción ininterrumpida de nuevos vocablos, al tiempo que otros van pasando al baúl de la memoria. Pero lo importante es que ya contamos con un marco teórico adecuado y con una recopilación bastante exhaustiva que tendremos que seguir actualizando: las bases están ahí y las nuevas tecnologías facilitarán muchísimo esa continuidad por los miembros del equipo que tomen el relevo en esta labor.

 

Hoy sabemos que la primera palabra aborigen que aparece en un texto escrito es guanil o que el primer préstamo extranjero del que tenemos constancia es malpaís

 

- Con semejante investigación habrán descubierto muchos datos interesantes y totalmente desconocidos para los ciudadanos sobre el español de Canarias ¿Podría compartir algunos datos que le llamasen especialmente la atención?

El mundo de las palabras es infinito puesto que con ellas nos relacionamos entre nosotros y con nuestro entorno. Hoy sabemos que la primera palabra aborigen que aparece en un texto escrito es guanil (‘salvaje, dicho del ganado’), que el primer préstamo extranjero del que tenemos constancia es malpaís (una creación formada sobre el galicismo pays, con el significado de ‘región’ que tenía en francés del siglo XV), que las denominaciones de las distintas especies de la laurisilva proceden mayoritariamente del portugués, que nuestros emigrantes llevaron al Caribe, entre otras muchas voces, solamente dos términos prehispánicos, tabaiba y gofio, o que la terminología azucarera viajó desde este lado del Atlántico hacia América (y no al revés, como afirman los diccionarios generales). También podemos demostrar, con datos objetivos, la canariedad encubierta de Pérez Galdós, conocer lo que era la realidad del habla isleña a principios del siglo XX a través de los registros que nos ofrece Alonso Quesada en sus Crónicas de la Ciudad y de la Noche o vislumbrar el trasfondo léxico que Arozarena empleó en Mararía.

 

- ¿Cree que, ya sea en los medios de comunicación, en la literatura u otros ámbitos ocultamos de alguna manera en el resto del territorio nacional nuestro léxico canario, nuestro origen, con la intención de llegar a más lectores/usuarios? Me llamó mucho la atención lo que comentaba de la canariedad encubierta de Benito Pérez Galdós.

Galdós fue un caso especial, en sus Memorias de un desmemoriado declaraba tener dos memorias: una insular (particular y familiar) y otra europea (de dominio público). Y algunos críticos han resaltado que su originalidad se fundamenta precisamente en su condición de escritor insular atlántico trasterrado. En cuanto al vocabulario, aparte de algunas voces propias que se deslizan de manera imperceptible en su narrativa, nos dejó un valioso repertorio de juventud en el que, como aprendiz de lexicógrafo, recogió algo más de cuatrocientas palabras, muchas de ellas con plena vigencia en el español canario actual.

 

Si algo nos ha enseñado esta etapa tan dura que todos estamos viviendo con la COVID es que las inversiones en I+D+i y en Educación son las únicas apuestas seguras para que el futuro no se vuelva a presentar tan incierto

 

- ¿Cree que en Canarias apostamos por la investigación lo suficiente?

Pienso que si algo nos ha enseñado esta etapa tan dura que todos estamos viviendo con la COVID es que las inversiones en I+D+i y en Educación son las únicas apuestas seguras para que el futuro no se vuelva a presentar tan incierto. Pero tengo la convicción de que de ningún modo se puede desarrollar un avance científico-técnico si no se acompaña de la reivindicación de la cultura, del arte, de las palabras y de la memoria.

-A los 37 años ya era catedrática. Sin embargo, ¿ha sentido alguna vez que por el hecho de ser mujer ha tenido más dificultades para poder conseguir lo que ha logrado?

Desde luego, no ha sido nada fácil, una amiga mía dice que no hemos tenido que superar un techo de cristal sino un techo de hormigón. Ha habido de todo, pero siempre se tenido la inmensa suerte de poder trabajar con los mejores dentro de mi campo. Afortunadamente la investigación no tiene sexo, es buena o es mala.

Yo me considero “lexicógrafa” y este femenino entró en el diccionario académico por vez primera en 1984. Curiosamente, ese mismo año Antonio González optaba al Premio de Canarias en la modalidad de “Investigación e Innovación”. Pasaron más de tres décadas para que una mujer, la física Catalina Ruiz, recibiera, en 2017, este mismo galardón, y han transcurrido treinta y cinco años para que otra investigadora, en este caso una filóloga-lexicógrafa, obtenga este reconocimiento por el área de Humanidades. Se ha hecho esperar…

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