Destitución en el vestuario

 “Le invité con gestos a hablar conmigo en privado y no accedió, así que me dirigí a él y tuvimos una conversación llana y realista, aunque imprevista”. Esa fue la explicación que dio Javier Pérez de la destitución de Víctor Fernández Braulio (Zaragoza, 1960), entrenador del CD Tenerife. Los hechos ocurrieron el 9 de noviembre de 1997 en los vestuarios del Heliodoro al término de un Tenerife-Celta (1-3) que dejaba en la decimotercera plaza a los blanquiazules, aspirantes a repetir la experiencia europea que unos meses antes les había llevado a las semifinales UEFA.

En lugar de asumir su cese en silencio y pactar una comparecencia conjunta con algún dirigente, Fernández apostó por regresar de inmediato a la sala de prensa, todavía llena de periodistas, para analizar su destitución, algo que a Pérez le pareció “terrible”, después de que “el club diera muestra de su sinceridad al comunicarle el despido de manera inmediata”. La versión del técnico fue distinta. “No son formas”, se quejó. Y afirmó que el cese “había sido una sorpresa, porque nadie me había avisado de que éste podría ser mi último partido”.

Fabricado para pelear “por todos los títulos” tras gastar más de 5.000 millones de pesetas en fichajes como Vierklau, Makaay, Kodro, Domingos, Slovak o André Luiz, el Tenerife no empezó mal y tras la octava jornada era décimo, con tres triunfos, dos empates y tres derrotas. Entonces, después de que Pérez hubiera expresado su deseo de “ganar por 20-0”, el Tenerife fue eliminado de la Copa del Rey por la UD Las Palmas, que estaba en Segunda División con una docena de extranjeros en la plantilla y el argentino Turu Flores como estrella.

Tres días después los blanquiazules perdían en San Mamés, pero el choque del domingo siguiente ante el Celta no tenía consideración de ultimátum y Fernández alineó a: Andersson; Vierklau, Antonio Mata (Alexis Suárez, 56’), Pablo Paz, André Luiz; Chano, Jokanovic, Vivar Dorado (Makaay, 61’), Robaina; Domingos (Felipe, 61’) y Kodro. No jugó mal el Tenerife, pero pagó la ceguera de Losantos Omar en un derribo de Patxi Salinas a Kodro y padeció la habitual autoexpulsión de Vierklau, experto en borrarse de situaciones comprometidas.

La esperanza que alimentó Makaay (1-2) en el último minuto se apagó cuando Juan Sánchez estableció el 1-3 en la prolongación. Minutos después llegó la humillante destitución de Víctor Fernández. Aunque las formas no fueron el único aspecto surrealista de la noche. Así, los ayudantes que el técnico aragonés había traído a la Isla, no acompañaron a su jefe tras su despido y tanto Rafa García Cortes como José Luis Arjol, se quedaron al frente del Tenerife y dirigieron a los blanquiazules en la derrota (1-0) sufrida en Oviedo.

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Víctor Fernández fue cesado en el vestuario del Heliodoro.

En su descargo hay que decir que ese compromiso llegaba tres días después y que no había tiempo de contratar un nuevo entrenador en un club que entonces había prescindido ya de la figura del técnico de la casa, encargado de estos menesteres. Y aquí es justo reconocer que había motivos para ello, porque el despido de Víctor Fernández fue el primero que se veía obligado a efectuar el CD Tenerife tras cinco años y medio de calma en los banquillos. Curiosamente, Fernández se tomaría su particular venganza el curso siguiente.

Era entrenador del Celta y en la antepenúltima jornada derrotó (2-0) al Tenerife en Balaídos y mandó a los blanquiazules a Segunda División.