Delirios de madrugada

A veces me gusta pensar que soy dueña de mi tiempo y de mi vida. Me siento privilegiada por poder decidir por mi misma qué hago, cómo y cuándo lo hago; con quien estoy en cada momento vital; en definitiva, me hago la ilusión de que controlo mi devenir por este mundo. Craso error, la vida fluye sola por derroteros que nosotros no dirigimos.

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Eduardo Savinien y Luisa Chico | DEL AUTOR

Te pondré un ejemplo, querido hipotético lector de mis reflexiones. En un momento de vida en que mis actividades estaban desbordadas con motivo de los múltiples actos que ocupaban casi todas las horas que no dedico al descanso, surgió casi como un juego, la posibilidad de escribir poemas de la mano de un, para mí, gran poeta grancanario, Eduardo Savinien. Una noche, de esas que el stress del día o las musas nos mantenían pegados al ordenador hasta altas horas de la madrugada, propusimos (ya no recuerdo quién a quién) tratar de concebir un poema juntos. No era el momento, quizá ni siquiera debimos atrevernos a jugar así con la poesía, pero lo hicimos. Al pie de esta reflexión te voy a mostrar cual fue ese primer poema al que siguieron, noche tras noche, muchos otros que al final han conformado el libro “Delirios de madrugada” que está cociéndose en el horno y que presentaremos en el mes de junio.

Horas de compartir algo que ambos amamos, las letras, en clave de prosa para charlar a través de una red social y en clave de verso para ir enlazando nuestras palabras en los poemas que iban surgiendo casi a pluma libre. Un trabajo gratificante que nunca pensamos que pudiera darnos tantos buenos e inesperados momentos de relax y vida.

Muy pronto abrazaremos a ese hijo que hemos concebido juntos, tal vez marcando una diferencia a la hora de escribir poesía, quizá mostrando al mundo cuan mejor sería si en lugar de luchas y rencillas simplemente nos aventurásemos a hacer cosas juntos. En todo caso a nosotros ya nadie nos podrá quitar las horas que hemos compartido creando al unísono algo que nos hacía mucha ilusión.

Y volviendo al inicio de esta reflexión. Queda demostrado que incluso los que pensamos ser libres de hacer con nuestro tiempo, día a día, lo que nos apetece, al final la vida nos hace coger caminos diferentes a los que habíamos planificado. 

Por mi parte… que me siga llevando por otros que no sean los que yo decido si es para permitirme vivir momentos como los que he narrado. 

Algo más de mi mundo de letras. Y en agradecimiento a que estés leyendo lo que cuento, y tal como prometí, dejo aquí esta primicia.

Vislumbré su sombra a lo lejos

sobre la arena

murmurando miedos

y masticando olvidos.

Le rondaba el recuerdo

de un ayer cercano.

Mares de ensueño se precipitaban

por el desfiladero infinito de sus ojos.

Le sentí llegar despacio

tratando que el suave roce de sus pies

no hicieran ruido al pisar la arena,

sabedor, al fin,

de que invadía mi espacio vital,

mi soledad y mi hastío.

No me importó que conociera mis miedos,

porque era… él,

mi amigo.