Del Charcón al Camp Nou

El Tenerife 90-91 militaba en Primera División. Y tenía jugadores como Fernando Redondo, Rommel Fernández, Felipe Miñambres o Quique Estebaranz. Además, en la plantilla había al menos media docena de elementos que en su tiempo estuvieron en instituciones como el Real Madrid o el Barcelona: Agustín, Julio Llorente, Salmerón, Manolo Hierro, Bernal, Paqui, Francis… Pero entrenaba en campos de tierra. O de picón. 

El 19 de febrero de 1991 estrenó el terreno de El Charcón, en La Cuesta. Los jugadores recibieron la noticia con alegría. ¿La razón? Aquella instalación era una bendición si se comparaba con la que le había tocado en la víspera: el bacheado campo de Los Andenes.

Esa tarde, por El Charcón corretearon los futbolistas que cuatro días después se iban a medir al segundo clasificado de la liga, el Atlético de Madrid. Y que a la jornada siguiente rendían visita al Camp Nou (98.500 espectadores) para medirse al Barcelona, el líder de la competición. Las lluvias caídas sobre Santa Cruz de Tenerife y el pésimo estado del césped del Heliodoro obligaban a la emigración. Y a la aventura. En esta ocasión, por ejemplo, la guagua que debía trasladar a la plantilla desde el estadio no apareció por allí. Y los futbolistas tuvieron que desplazarse en sus vehículos particulares. Y obviamente, pese a llevar algunos meses en la Isla, no todos sabían dónde estaba El Charcón. 

Cuando todos aparecieron por el lugar de entrenamiento, el técnico, Jorge Solari, pudo comenzar la sesión preparatoria con carrera continua, unos suaves ejercicios de estiramiento y, finalmente, la disputa de un partidillo de casi una hora de duración en el que, con peto, formó el presumible once titular: Manolo; Torrecilla, Toni, Hierro, Francis, Revert; Toño, Redondo, Sabou; Quique Estebaranz y Rommel. Este once se impuso por 4-1, con goles de Rommel, Redondo, Sabou y Quique, quienes batieron a Agustín. Conviene aclarar que el portero, recién recuperado de una lesión, tampoco hizo mucho por detener unos disparos que obligaban a tirarse a un terreno de juego que no era precisamente de mullido césped. 

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Imagen del campo de El Charcón

 
Acabado el trabajo, ya de noche cerrada, los jugadores se abrigaron como pudieron y fueron a ducharse a sus casas. Algunos tardaron más de lo recomendable en encontrar la salida, pero todos pudieron llegar a sus domicilios. Al día siguiente, les tocó repetir entrenamiento en El Charcón. El domingo, esos profesionales empataron (0-0) ante el Atlético de Madrid. Y si no ganaron y acabaron con la racha de imbatibilidad de Abel Resino, fue porque tuvieron mala puntería. Y en la jornada siguiente sólo cayeron por la mínima (1-0) en el Camp Nou, por culpa de un penalti transformado por Stoichkov y sancionado –o convendría decir que inventado– por un árbitro conocido por un segundo apellido que daba juego: Riera Morro. 

Entre medias, más de una vez tuvieron que entrenarse en El Charcón. O en lugares bastante peores. Y también debieron viajar hasta El Peñón (Puerto de la Cruz). Meses después entraron en funcionamiento las instalaciones de El Mundialito, en Ofra. Con campos de césped.