Comienza el baile

Como si de una boda de dos grades familias se tratase, dos de los grandes buques insignias de la banca española, Caixabank y Bankia, anunciaron recientemente su compromiso de fusión, en aras de convertirse en el mayor banco del territorio nacional.

Presentemos por un momento a ambas familias. Por un lado encontramos a Caixabank, mayor banco español por activos, 369mil millones de euros en 2019, y una de las mayores carteras corporativas de España. Por otro lado, Bankia. Familia poderosa pero con el estigma de haber sido rescatada en 2012 por el gobierno de Mariano Rajoy, con el dinero de todos nosotros, por supuesto.

Imposible hablar de Bankia sin retrotraernos al rescate bancario de 2012, recordemos por un instante aquellos meses convulsos. El 24 de julio de aquel año la prima de riesgo española alcanzaba los 635 puntos básicos (+ 6,35 % sobre el bono alemán a 10 años). Dos días más tarde, Mario Draghi, el entonces presidente del Consejo del Banco Central Europeo, comparecería en una rueda de prensa que pasaría a la historia. En 19 segundos amenazó, y no de forma velada precisamente, a cualquier inversor (institucionales sobre todo: bancos y fondos de inversión) que pensase en ganar dinero a costa de los países del sur de Europa (España, Italia, Portugal y Grecia) y de Irlanda. Fue en aquel discurso donde se labró su fama de hombre duro y donde dejo su frase para el recuerdo: ‘…in our mandate the ECB will do whatever it takes to preserve the euro’, rematándolo con esa chulería que nos caracteriza a los latinos cuando uno se envalentona y se viene arriba: ’..and believe me, it will be enough’. Nunca antes un mandatario de la institución europea había sido tan directo y amenazante, y dio resultado, en un día la prima de riesgo cayó 100 puntos (-1%) y los intereses en los países afectados comenzaron a estabilizarse.

Algunos meses antes, en marzo de aquel año, la situación de Bankia y la de muchas otras entidades financieras, se hizo insostenible y el gobierno de Mariano Rajoy tuvo que acudir al rescate. Aunque hay cierta sensación arraigada de que el estado lo puede todo, no pudo con el rescate bancario, y el gobierno de entonces tuvo que pedir en junio el dinero a Europa (más que nada porque no lo teníamos). Se le abrió una línea de crédito de 100mil millones de euros a España de la que tomamos (todos nosotros) 41 mil millones de golpe (nos dieron 1.000 euros a cada español y ni siquiera les hemos dado las gracias… malagradecidos…). Fue de allí de donde salieron los 22.400 millones que utilizamos (sí, nosotros, usted y yo) en comprar instrumentos de capital de Bankia para entrar en su accionariado. Bueno, al menos compramos acciones. Otros casos como Catalunya Bank fueron más graves: se estima en unos 12mil millones el rescate a fondo perdido de este banco (sin comprar acciones ni nada por el estilo), y estos seguro que nunca más los veremos.

¿Qué puede buscar entonces Caixabank con esta adquisición (¡discúlpenme el lapsus! fusión)? Sobre todo, consolidarse como el mayor grupo financiero de España (excluimos de aquí el negocio internacional de Banco Santander que se encuentra fuera de su filial española). Nos encontramos ante un nuevo banco con 650mil millones de euros en activos que, para hacernos una idea, es el valor de la mitad de todos los bienes y servicios que producen los españoles en un año. Por otro lado, Bankia y sus inversores, o sea, nosotros, que queremos ganar valor. En ocho años hemos recuperado 3.300 millones de aquellos 22.400 millones, y la actual crisis de la Covid así como el estancamiento en tipos negativos no presagia que el sector bancario vaya a remontar lo suficiente como para que Bankia, por sí sola, fuera a ser capaz de devolver el dinero recibido.

Entonces, todos contentos, ¿no?.

No.

Las bodas siempre las paga alguien y aquí volvemos a entrar todos nosotros. Por un lado, esta fusión abre la veda, y se ha visto esta semana, a nuevas fusiones bancarias (BBVA y Banco Sabadell formalizaron su pedida de mano esta semana). Las presiones políticas para conseguir grandes grupos financieros son tremendas, y parece que la consecuencia de un menor nivel de competencia en el sector no les asusta. Sin embargo, a nosotros como consumidores de productos bancarios sí nos debería preocupar. España camina hacia un sector financiero con tres grandes grupos y esa situación de ausencia de competencia, inevitablemente, provocará alzas en los precios de productos casi-obligatorios que pagaremos todos. Además, un sector tan poderoso y sin competencia podrá detraer recursos que en una situación normal irían a otros sectores productivos por sí mismos, pagamos más al banco y esa tarde no nos compramos el helado (o no nos compramos el coche, por la subida de comisiones en la hipoteca), provocando cierres de negocios rentables, menores ingresos, y en definitiva, menor riqueza nacional.

En definitiva, con esta fusión puede que recuperemos algo de dinero, que raramente veremos muchos de nosotros. A cambio abrimos un peligroso camino hacia un sector financiero sin competencia, con miembros demasiado poderosos, que sin duda presionarán a la clase política para que ésta última nos siga vendiendo en los medios las fusiones bancarias como algo necesario y positivo para todos nosotros.