Cerrojo a los interiores de restaurantes: ¿oxígeno o asfixia?

Tubigú

A estas alturas de la película (que con las medidas para la restauración tinerfeña se podría equiparar a la de "Blade Runner 2049") ni podía imaginar el cierre de interiores de restaurantes en folclórico contraste al fin de la mascarilla en el Estado español. A estas alturas ya no.

Datos son datos, por supuesto, y  las medidas siempre se deben tomar -por difíciles que sean- conforme a unos parámetros concretos pero siempre, siempre, llevando al límite las opciones hacia el bien de los ciudadanos, de las personas,... Los hechos son tozudos en Tenerife, eso es innegable: comportamiento social que nos ha llevado, incomprensiblemente, a una incidencia de contagios inaguantable y que eso sí, vuelve a hacer que paguen justos por pecadores principalmente en una restauración que ya es que ni escapa por los pelos a la verdadera ruina.

¿En qué radicaría el verdadero equilibrio? ¿En qué debe consistir la regla cuando se produce un hecho que, si bien hay que atajar, en cuánto incide para que la actividad no pueda continuar en al menos un 33 por ciento? Quería escribir de esto, precisamente, de oxígeno (abrir un 33 por ciento) o de asfixia (cerrar tajantemente sin dar oportunidad a espacios que cumplen a rajatabla con todas las medidas; que lo hacen rigurosamente bien en definitiva).

He conversado con muchísimos colegas del periodismo, con propietarios, con cocineros-as, profesionales de la Sala... A lo mejor surgen esas comparaciones y preguntas directas -que no pueriles- acerca de las medidas; respetando y mucho buenos artículos acerca de la forma de actuar de los alcaldes, por decir. Lo que me exaspera, francamente, es que cuando parecía abrirse el horizonte para una cierta 'normalidad' ante el verano nos vemos otra vez con la soga al cuello.

Más preguntas: ¿porqué a estas alturas no somos capaces de ir por delante y no a rueda de los acontecimientos? Si los restaurantes recogen los datos de sus clientes, ¿se cotejan para saber cuál es la incidencia real que permita precisar cifras de contagios en esos espacios y actuar en consecuencia? ¿Son los interiores de los restaurantes más 'peligrosos' que algunas terrazas que, por muy al aire libre que estén, constituyen un vivero de 'fiestas' en las que ya no se disimula en abrazos y jolgorio?

Créanme, los citados colegas me aportan datos. Los guardo, los ordeno. Los vuelvo a releer y considero que hay que tomar medidas. Contrasto referencias y hablamos de cierre perimetral de los focos, del transporte público (y un gran amigo me envía datos elocuentes de cómo se desenvuelve la situación en estos ámbitos, así como los del ocio,...). El cierre del interior de los restaurantes, como un chasquido de dedos, es como volver a la pena, a la tristeza de comprobar que muchos empresarios no van a resistirlo.

Un impacto más en una maltrecha salida adelante en la que apenas tienen resuello para continuar. Como rueda de hámster para cubrir una economía que se les disuelve entre las manos y la vida. Quizá con esa rendija factible del 33 por ciento.

Por supuesto que yo no soy sanitario (¿no estábamos tan avanzados en vacunas?), pero en mi familia tengo personas que me explican e informan al detalle. No soy restaurador, ese admirable oficio de sacar adelante un espacio gastronómico, pero me da que, permitan el latiguillo, se van a 'comer con papas' las existencias previstas para el fin de semana.

Después del confinamiento y con lo que dimos en considerar la "desescalada", me imaginaba yo que se podían buscar fórmulas cada vez más estrictas para conciliar un momento difícil y aplicación de niveles con el menor impacto posible para las personas y sus economías. Entonces pensaba en posibles equipos de chicas y chicos que estuviesen en últimos cursos de carreras de la salud.

Que estas cuadrillas se encargarían, por ejemplo, de inspeccionar interiores de restaurantes para considerar si a pesar del nivel 3 pudiera darse el caso de dejar un hilo de esperanza con la apertura del 33 por ciento. Ustedes que me leen conocen a restauradores, seguro, y que ya apenas podrían aguantar y que han querido hacer inversiones en equipos para medir temperatura, reciclaje de aire, CO2, pruebas a sus empleados cada fin de mes... Que han buscado sitios para dejar a la deriva más de la mitad de su mobiliario.

Seguiríamos con la batería de preguntas para entender mejor algunas particularidades de todo esto que se mueve en un eje de coordenadas incierto en cuanto a la debacle de economías que ya no resisten. Me pongo en sus zapatos: tengo la más potente de las empatías.

¿Será falta de capacidad? ¿Se podría ser ingenioso frente a las adversidades sin matar a cañonazos los mosquitos? Por mi parte, cuando escribo esto, siento un cierto sabor a tierra mojada en mi boca... disgusto, erosión,... Una lluvia ácida como la de "Blade Runner 2049" (foto de portada, Sony Pictures, Internet), cayendo pertinaz y corrosiva.

Cambiemos todo esto, por favor. Si hay modo, que lo hay.

Francisco Belín

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