Cayol ‘sienta’ a Zamora

“Jugará Cayol”. Dos palabras resumían los titulares de los periódicos madrileños el 31 de diciembre de 1933, fecha designada para la disputa del Madrid-Espanyol correspondiente a la novena jornada del sexto Campeonato Nacional de Liga. El protagonista del titular era Gilberto Cayol López (1908-1959), que durante casi una década y en dos etapas defendió de forma sobresaliente la portería del Tenerife. Eso sí, aunque no apareciera su nombre, el verdadero protagonista de la noticia era Ricardo Zamora, uno de los mejores guardametas del mundo de todos los tiempos y que, por primera vez en su carrera deportiva, iba a descansar por razones técnicas.

Zamora había sido vital en la supremacía del Madrid durante los dos cursos anteriores, saldados con los dos primeros títulos de la liga del conjunto blanco (31-32 y 32-33), dos campeonatos mancomunados y una plaza de finalista en la Copa de España. Duirante ese tiempo, de un total de 67 partidos oficiales, Zamora sólo descansó en uno de liga por lesión, en dos del campeonato regional cuando el título estaba asegurado y en una eliminatoria en apariencia sencilla de Copa... en la que el Coruña, entonces en Segunda División, eliminó a los blancos. No era agradable ser el suplente de Zamora, pero, en contra de la lógica y los números, Cayol aceptó el reto de pelear el puesto con un mito.

Y es que Cayol estaba acostumbrado a los retos. En el Tenerife ya había asumido otro desafío: suplir a Emilio Baudet, guardameta legendario de los años veinte. Durante más de un lustro se cansó de ganar títulos regionales y en varios amistosos celebrados en el Stadium se midió al Madrid de Zamora y salió victorioso de esos duelos. Luego fue artífice de los triunfos blanquiazules en sus visitas al Atlético de Madrid en el Metropolitano y al Barcelona en Les Corts. Y ante el riesgo de que se fuera a uno de estos equipos, lo fichó el Madrid. Para entonces, Zamora había recuperado el puesto en la selección española, donde sólo se perdió dos partidos en trece años.

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Cayol, en una foto de la época.

En el curso 33-34, tras sumar un nuevo Campeonato Mancomunado, Zamora fue titular en las ocho jornadas iniciales de liga, hasta que las derrotas sufridas ante el Athletic (5-1) y el Betis (0-1) invitaron al club a cambiar de técnico: Paco Bru, seleccionador que llevó a España a la plata olímpica en 1920, sustituyó al inglés Robert Firth. Y entonces, una nueva derrota (3-2) ante el Oviedo animó al nuevo entrenador a darle al mítico guardameta “por razones técnicas”. Cayol aprovechó su oportunidad y recibió elogios de la prensa madrileña (“es un jugador hecho”), catalana (“su estilo merece muchas pesetas”) o vasca (“es joven y valiente”).

El Madrid, cuarto clasificado, sumó cuatro victorias en cinco encuentros con Cayol en la meta, incluyendo un 4-0 ante el Barça que dejaba a los blancos en la segunda plaza, a un punto del líder Athletic. Pero tras el primer tropiezo, una derrota (4-3) en Santander, volvió Zamora. Eso sí, ya no era indiscutible. Gilberto Cayol figura en la historia del CD Tenerife por ser, posiblemente, el mejor portero de su historia. En la del Real Madrid se ganó un hueco el 31 de diciembre de 1933. Y al igual que la magia de John Ford convirtió al senador Ransom Stoddard en 'El hombre que mató a Liberty Valance', la mítica aureola que rodeaba a don Ricardo convirtió al guardameta tinerfeño en 'el hombre que sentó a Zamora'.