Castigado sin Copa

Erandio, Mirandés, Leonesa, Palencia, Ensidesa, Huesca, San Sebastián, Bilbao Athletic, Lleida, Baracaldo, Sestao, Zamora, Endesa, Sporting Atlético, Alcalá... Esos habían sido algunos de los rivales del Tenerife en la temporada 81-82 que estaba a punto de finalizar. Y eran, más o menos, los mismos que le esperaban al curso siguiente, un curso más en Segunda División B. Bueno, se incorporaban algunos como el Burgos, el Osasuna Promesas, el Reus, el Andorra o el Binéfar. Con rivales así, en un tiempo en el que no había derechos televisivos ni apoyo económico institucional, las tres principales y casi únicas fuentes de ingresos para la entidad blanquiazul eran: las cuotas de los socios, la venta de abonos y las taquillas de cada partido.

O lo que es lo mismo: participar en la Copa del Rey –que en los últimos años, con el equipo ya en Segunda B, había permitido ver en el Heliodoro al entonces pujante Recreativo, al Deportivo o a Las Palmas– no era un tema baladí. No en el resultado económico del curso, sin duda, pero tampoco en el plano anímico. En los últimos años no habían sido pocos los apuros económicos que había resuelto una buena taquilla en el 'torneo del KO'. En el año 197676, por ejemplo, pasaron por el Heliodoro el Real Madrid y el Zaragoza. Y dos años después, el Valencia de Mario Kempes. Y más adelante, durante tres temporadas consecutivas, llenaba las gradas la UD Las Palmas, entonces en Primera División.  

En el curso recién finalizado sólo se había caído, y en la tanda de penaltis, con el Deportivo de la Coruña, en ese tiempo en Segunda División. Para el Tenerife, que ese 24 de mayo de 1982 cerraba su cuarta temporada consecutiva en Segunda División B, quedarse fuera de la Copa del Rey era un drama. Pero también era una posibilidad real después de un curso decepcionante. Sólo se clasificaban los diez primeros de cada uno de los dos grupos de Segunda División B. Y tras tontear incluso con el descenso a Tercera División [donde esperaban gozosos Güímar, Realejos, Tenisca, San Andrés, Orotava, Marino, Real Unión, Unión Tejina, Puerto Cruz o Estrella], el cuadro que entonces dirigía José María Ramos necesitaba ganar al Barcelona Atlético en el Heliodoro para entrar en el próximo torneo copero.  

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Ramos, durante su estancia en el banquillo blanquiazul

Ramos, un técnico de la casa, sólo llevaba cuatro jornadas en el banquillo. Había relevado a Joseíto y aún no conocía la derrota, pero éste era su examen de mayor envergadura: porque el filial azulgrana era el líder. Eso sí, los Salva, Rojo, Clos y compañía, que con el tiempo serían internacionales, ya tenían el ascenso asegurado. Ramos alineó ante el filial azulgrana a: Domingo; Diego, Marín (Joseíto, 77’), Manolo, Juan Miguel; Torres, David, Mini; Lolín, Luis (Alberto, 61’) y Chalo. Apenas tres mil espectadores vieron cómo a los veinte minutos Luis ponía en ventaja al Tenerife al remachar de cabeza un servicio de Chalo. Pero pasada la hora de juego, el filial del Barça remontó en apenas un cuarto de hora con tantos de Rojo y Cándido. 

El Tenerife acabó decimotercero y se quedó sin Copa. No era un castigo menor.