El Castillo de Guanapay

La historia de Canarias está marcada por las incursiones de piratas desde la época prehispánica. Ya entonces y desde mucho antes de la Conquista eran frecuentes los ataques, saqueos y secuestros de aborígenes para ser luego vendidos como esclavos, pero al finalizar la Conquista, esos ataques de piratas se hicieron más frecuentes, pues no se trataba solo de la captura de esclavos sino que rondaban cerca del archipiélago, secuestraban a pequeños barcos de cualquier tipo que viajasen entre las islas y saqueaban a la población mientras esperaban a los convoyes que venían desde América y que hacían escala en nuestras islas. 

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Todo ello obligaba a gran parte de la población a establecerse en lugares alejados de la costa y disponer de vigilancia hacia el mar desde las más altas montañas, teniendo siempre previstos lugares como cuevas y hoquedades en las que refugiarse el tiempo que fuera necesario desde el mismo momento que fueran alertados de la presencia de velas de barcos en el horizonte. 

El popularmente conocido como Castillo de Guanapay es una fortaleza situada en el borde del cráter del volcán que lleva el mismo nombre, a un kilómetro del casco histórico del pueblo de Teguise, en la isla de Lanzarote, aunque su nombre oficial es Castillo de Santa Bárbara y San Hermenegildo.

Inicialmente fue una simple torre para vigilar la costa construida a comienzos del S.XIV por Lanceloto Malocello. Sobre 1571 Gaspar de Salcedo añade las dos torres que completan la planta romboidal, pero es Leonardo Torriani quien por orden de Felipe II, acomete a mediados del siglo XVI una serie de reformas convirtiéndolo en un verdadero castillo que sirviera de refugio para la población de Teguise (en esos momentos capital de la isla) en caso de invasión enemiga. En 1576 se culmina la obra rodeando el conjunto de la torre y los aposentos con la muralla romboidal y torretas circulares en sus extremos más apuntados.

Tras el ataque del berberisco Morato Arráez de 1586, el castillo es reconstruido, pero en el siglo XVII pierde su importancia defensiva debido a la construcción de nuevas fortificaciones en el puerto de Arrecife, y la artillería es desmantelada. Con el cese de los ataques corsarios a inicios del siglo XIX, desaparece totalmente cualquier tipo de valor estratégico de la fortaleza, que en 1899 se acondiciona como Palomar Militar, y ya en 1913 se cede al Ayuntamiento de Teguise.

Está declarado Bien de Interés Cultural​ y desde 1991​ hasta 2011​ funcionó como Museo Etnográfico del Inmigrante Canario, pero actualmente está dedicado a Museo de la Piratería, un centro de interpretación de los conquistadores, corsarios y piratas que han estado relacionados con la historia de Canarias.

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