La Cabra Palmera

Esta raza está clasificada oficialmente como raza Autóctona de Fomento, es propia de la Isla de La Palma y actualmente se calcula que pueden quedar alrededor de ocho mil ejemplares en La Palma y unos quinientos en Tenerife

Se explota por su rendimiento lechero, contribuyendo con estas producciones a la elaboración del queso palmero, un producto considerado de excepcional calidad, con un valor añadido como es la tenencia de la Denominación de Origen.

lamina 27, cabra palamera

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De origen prehispánico, las cabras fueron básicas en la economía y alimentación de los auaritas (aborígenes palmeros). Así, cuando en 1543 la isla de la Palma se incorporó a la Corona de Castilla ya se tuvo constancia de la existencia de alrededor de veinte mil animales entre ovejas y cabras. 

Existieron tanto en libertad como en propiedad de los habitantes de la isla, si bien los últimos ejemplares salvajes se extinguieron hace cincuenta años. Hasta entonces, eran frecuentes los cruces entre cabras silvestres, denominadas “guaniles” y las domésticas, a las que se conocía como “jairas”, lo que influyó en el carácter y nivel de jerarquización de la raza. Por otra parte, las rutas hacia América, y la conexión histórica con Portugal supusieron también la influencia de razas provenientes del suroeste de la Península Ibérica.

En la década de los setenta, la raza sufrió una gran agresión, al ser cruzada con ejemplares de cabra majorera debido a la errónea política de ese momento de considerar a las tres razas canarias (majorera, tinerfeña y palmera) como una sola. Aquellos cruzamientos, realizados con facilidad, obligaron a realizar un trabajo posterior enorme y complicado, aunque afortunadamente con resultados satisfactorios, en los que se consiguió eliminar los genes foráneos, pues quedó demostrado que esos híbridos no se adaptaban a las condiciones de explotación palmeras. 

Durante los últimos años, la mala planificación en la cría, y las dificultades en la alimentación por los costes del forraje en los ejemplares estabulados, llevó a muchos profesionales del sector a comprar ejemplares desechados por otros ganaderos. Ello junto con la baja calidad de la alimentación motivó una caída en el número de ejemplares productivos, una elevada tasa de mortalidad en los recién nacidos y la posterior aparición de patologías dañinas. Esa tendencia afortunadamente se ha detenido por el gran esfuerzo realizado por los ganaderos, quienes han logrado, mediante una política adecuada de reposición, la mejora de sus producciones anuales.

Su aspecto es muy diverso y hay catalogadas varias capas o tonos de pelo, aunque el más corriente es el color rojizo, ya sea claro u oscuro, y una de sus principales características es la presencia de un tupé, sobre todo en aquellos ejemplares de más pelo, así como su cornamenta, que es abierta y adquiere caracteres y dimensiones espectaculares en los machos. 

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