Auge y declive de Garachico

No está claro si el asentamiento guanche que existió en el lugar pertenecía al menceyato de Icod o al de Daute, pero sí que consta que tras la conquista y reparto de tierras, se estableció un primer sitio en lo que es hoy el barrio de San Pedro de Daute y posteriormente en 1496 fue fundado Garachico y su puerto por un banquero de origen genovés, Don Cristóbal de Aponte.

El abrigo de su puerto y su localización hicieron que durante el siglo siguiente, Garachico fuese puerta principal de la isla, en estrecha competencia con puertos como el de La Orotava y el de Santa Cruz, desde donde se conectaba con La Palma, Santa Cruz y La Luz, y también con Europa, América y Africa, exportando malvasía y azúcar, cultivo que se hallaba en su máximo esplendor, sobre todo en La Orotava y Los Realejos y era transportado hasta Garachico para ser enviado a destinos tan variados como Amberes o Italia, y sirviendo de entrada a productos provenientes de las nuevas colonias de América

lamina 14 de canarias a mano

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Garachico se convirtió en centro comercial y bancario y supuso la llegada de ricos comerciantes y la prosperidad de sus vecinos. Al tiempo que se trazaban plazas y calles, se elevaban construcciones de todo tipo, ermitas, varios conventos, iglesias, un hospital, un castillo y lujosas residencias, El pueblo también fue foco de artes plásticas, sobre todo imaginería debido a la cantidad de establecimientos religioso, hecho que influyó enormemente entre las otras poblaciones de la Isla Baja como centro artístico.

Sus habitantes también participaron en la defensa de la isla, integrando las Milicias de Garachico en las de Tenerife y estas a su vez en las Milicias Canarias, que intervinieron en campañas como la de Portugal o formando parte los ejércitos de los Países Bajos.

Sin embargo, aquel esplendor que parecía imparable, comenzó a eclipsar a finales del Siglo XVI debido a una cadena de tragedias que se fueron sucediendo una tras otra a lo largo de 100 años y terminaron en 1706, cuando se borró cualquier esperanza de recuperar glorias pasadas.

Ya en 1559 su mar había dado pruebas de lo que hoy consideramos habitual, con la llegada de un temporal que dañó significativamente el pueblo, casi 50 años más tarde dos epidemias seguidas de peste en un periodo muy corto de tiempo mermaron la población, pocos años más tarde un aluvión de tierras que sepultó a más de 100 personas y arrasó 40 barcos, una plaga de langosta 14 años después y dos graves incendios finalizando el siglo. Y como colofón, la erupción del 5 de mayo de 1706, que acabó para siempre su puerto y obligó a sus habitantes ya cansados de renacer una y otra vez, a elegir entre la agricultura básica y la pesca o a emigrar a América.

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