Ecos de la Feria Nacional del Vino, Fenavin, y experiencia en Daimiel

La Feria Nacional del Vino, su novena edición (hay que tener en cuenta que Fenavin es bianual) queda como suspendida en nuestra memoria de esta semana. Es tan grande, tan rotundo el encuentro entre 100.000 almas que se cruzan durante tres días, que envinan sus bocas y sus emociones, que al final ha sido como un sueño ese avance entre la sala Osiris, la Hesiodo, la Ganímedes o la Noé.

En esta última se encontraba precisamente el centro de operaciones (nunca mejor dicho) o el “lagar” (esto me gusta) de la expedición canaria con una veintena de bodegas participantes (Vinos de Tenerife, Canary Wine y bodegas a título particular). Jesús Morales, máximo responsable de Agricultura del Cabildo Insular cató algunos vinos junto al cantante Caco Senante y también saludó el director de la Feria, Manuel Juliá,

En definitiva, por allí pasó un gentío, entre profesionales de los sectores implicados y curiosos procendentes de lugares lejanos.

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Se podrán imaginar. Antes de seguir el hilo conductor de lo que nos trae a este post de atlánticoHOY, cabe explicar eso del “eje canario-manchego”, un concepto intelectual-gastronómico-emocional acuñado por mi bien querido amigo Javier Agulló cuando observó las afinidades y engranajes de un entendimiento de ambas culturas.

Está claro que el eje, el pasado miércoles, se pertrechó con nuevas cerchas y contrafuertes, una vez que el mismísimo consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, había hecho el recorrido hasta la ciudad manchega de Alfonso X El Sabio para estar in situ en el citado stand canario y en la cena que congregaría a casi una veintena de periodistas y blogueros del ámbito nacional e internacional (un ejemplo, el de Víctor de la Serna). Eso lo cuento unos párrafos más allá.

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El Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria de Canarias (ICCA), con José Fernando Díaz Flores, llevó al corazón de La Mancha, en el marco inmenso de la Feria, vinos espléndidos, amén de los premiados en el último certamen regional Agrocanarias 2017. Éstos (por ahora guardamos sus (identidades) sirvieron para armonizar una velada en la que el chef de El Bodegón de Daimiel, Rubén Sánchez-Camacho, dejó constancia de su conocimiento y cariño a la culinaria de las Islas (eje canario-manchego en toda regla, claro).

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Ni que decir que este miércoles 10 fue intenso en claves de organización. Al final estábamos en el confort de El Bodegón, un espacio culinario que pide a gritos la estrella Michelín. Saludos entre el medio centenar de invitados convocados.

Narvay Quintero destacó la importancia de fortalecer, en el ámbito nacional, el conocimiento de los vinos canarios por “lo diferente que son, debido a nuestra condición de territorio volcánico y nuestro clima”, a la vez que agradeció a los bodegueros el encomiable esfuerzo que realizan para “impulsarlos y engrandecerlos”.

Podrían haber sido más, pero el Gobierno canario, para una ocasión tan especial, optó por referencias que alcanzaron las más altas puntuaciones en Agrocanarias: el blanco Viña Arese y el tinto Marba Barrica, y, para culminar, con el reconocido como Mejor Vino de Canarias 2017, Testamento Malvasía Esencia, de producción limitada.

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Un “aparte” de lo más agradable dentro de la frenética actividad de Canarias en Fenavin fue, sin duda, la cena que el Gobierno canario ofreció, en El Bodegón de Daimiel (de la encantadora Familia Sánchez Camacho), a la expedición de bodegueros y periodistas y blogueros especializados del panorama nacional. El chef Rubén Sánchez, con su conocimiento de la gastronomía isleña, propuso “guiños” culinarios con las grandes medallas de oro: el blanco Viña Arese y el tinto Marba Barrica, para el colofón del reconocido como Mejor Vino de Canarias 2017, Testamento Malvasía Esencia.

La velada, presidida por el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, acompañado por el director general del ICCA, José Díaz Flores, ya apuntaba buenos indicios con el brut nature rosado de Altos de Trevejos (DOP Abona), con el que se que se dio la bienvenida a los comensales. El blanco seco de Viña Arese (DOP Abona), coupage de listán blanco, malvasía, albillo y moscatel, radiante de frutas blancas, fresco y mineral, armonizó con el crujiente de cerdo; crujiente de algas, camarones, wakame y polvo de mojo rojo; “las aceitunas”; la sardina, el arenque, la mojama y la sandía, y el pulpo frito con mahonesa de tempranillo.

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El también gran medalla de oro Marba tinto barrica (DOP Tacoronte Acentejo), con un 50 por ciento de listán negro y vijariego negro y un ensamblaje de diferentes variedades: limpio, con aromas a tabaco y especias, un juego potente y equilibrado. El jefe de cocina estableció una sinuosa armonía con la versión del chef manchego del conejo en salmorejo. Siguió un emblema culinario, el categórico “Dolor y quebranto”; la caballa con cúrcuma y el especial cochinillo de Rubén.
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Como prepostre, con sorpresa mayúscula, el queso declarado Mejor de España 2017 en el Salón Gourmets, el Maxorata apimentonado (del Grupo Ganaderos de Fuerteventura, de la DOP Queso Majorero). El plátano fue versionado por el cocinero para llegar a acaramelados registros sápidos con el Mejor Vino de Canarias 2017, malvasía aromática, uva sobremadurada: el Testamento Esencia (DOP Abona), la estrella de la velada, de deslumbrante color amarillo oro, aromas a frutas confitadas, tostados y hierbas aromáticas.

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Una guagua llevó a un grupo importante de periodistas a Madrid y unos cuantos volvimos a Ciudad Real con el buen regusto de una velada “diferente”.
 

Conscientes del potencial de estas producciones, desde la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias se trabaja para ponerlas en valor dentro del mercado interior y también en otros países, a través de distintas acciones, como la promoción en ferias especializadas, diferentes actuaciones para fomentar el enoturismo en el Archipiélago, o el proyecto “Crecer Juntos”, promovido por el Ejecutivo canario para fomentar la unión entre los sectores primario y turístico.

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Éste tiene, entre otros objetivos, la valorización de los productos canarios, y conseguir que el visitante se fije en Canarias, además de por el sol y la playa, por su variedad y riqueza gastronómica.
Las peculiaridades del suelo volcánico, la variedad de microclimas, la fuerte diferencia de altitudes, y la existencia de múltiples variedades, muchas exclusivas del Archipiélago, así como métodos de cultivo únicos en el mundo, dan lugar a vinos con auténtica personalidad, y unas características diferenciales que los convierten en un producto con personalidad única, cada vez más demandado dentro de un subsector que requiere sabores diferenciados.