'BRISAS VOLCANICAS. Paisajes de Tenerife Landscapes', presenta un monumental tríptico de César Manrique

La Naturaleza, el paisaje unido a la arquitectura y los bodegones florales configuran el núcleo esencial de la exposición 'BRISAS VOLCANICAS. Paisajes de Tenerife Landscapes', que reconciliará a muchas personas con el arte al mostrarle obras de incontestable de belleza, calidad y cercanía, esto es, con aquello que en su infancia y juventud les dijeron que era arte y conocieron con placer. La exposición podrá visitarse libre y gratuitamente durante los próximos meses.

Participando de esos mismos intereses temáticos, pero en un lenguaje distinto, es decir, buscando plasmar esas cuestiones con una gramática visual moderna para su época, se presenta en esta exposición un monumental y espectacular tríptico de César Manrique, realizado en 1955, pieza única y sobresaliente de la primera madurez del artista de Lanzarote, una época de la que no existen otros testimonios artísticos de envergadura e importancia semejantes, pintura digna de figurar en los grandes museos o en alguna de las más relevantes colecciones privadas de arte.

Los artistas cuyas obras estarán expuestas son algunos de los más representativos y cualificados que trabajaron en la isla a mediados del siglo XX. El abanico temporal que recorren estas pinturas va, aproximadamente, desde 1920 hasta 1980 y sus autores son, entre otros, Francisco Bonnin Guerín, su hijo Francisco Bonnin Miranda, Carlos Chevilly, Pedro de Guezala, Manuel Martín González, Nicolás Massieu, José Ortuño

Se trata de un conjunto de artistas que se mantuvo apegado a un realismo figurativo en unas décadas durante las que se vivieron grandes cambios en el mundo del arte, impuestas desde las capitales del arte: París, Nueva York...

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Imagen promocional | CEDIDA

A pesar de que esas hondas transformaciones arrastraron a la mayoría de los artistas en todo el mundo occidental a sumergirse en ellas y hacerlas suyas, en Tenerife este grupo de pintores -sin desconocer el arte que se realizaba en otros lugares e incluso por otros artistas amigos suyos- se mantuvo fiel a un estilo y a unos temas pictóricos estrechamente relacionados con la isla y con un gusto consolidado en la sensibilidad popular de sus habitantes.

La abrupta Naturaleza de las costas, los barrancos y cañadas, las rocas y los picos montañosos, habitualmente presididos por el tótem Teide, constituyó un asunto al que se acercaron repetidamente con una devoción casi religiosa, a impulsos de la trascendida espiritualidad de quien se siente subyugado por una fuerza telúrica que excede lo comprensible.

Otro asunto, derivado del anterior, que atrajo a estos artistas es el que ponía en relación la Naturaleza con el Artificio, es decir, la tierra y la arquitectura popular asentada sobre ella. Así, rincones paradisíacos de la isla, pertenecientes a otra época/otro mundo y hoy casi por completo inexistentes ya, quedaron testimoniados para el recuerdo mediante acuarelas de emotiva, exquisita y perfecta ejecución.

De aquella arquitectura popular cuajada de flores en puertas, patios, ventanas y balcones se puede decir que deriva el tercer asunto que interesó a aquellos pintores que encontraron en la realidad motivos más que suficientes para convertirlos en imágenes de arte: los bodegones de flores, bodegones de lujosa construcción, resplandeciente luz, desbordantes de vida y color…

Todo este conjunto artístico expuesto en la Pirámide de Arona (Mare Nostrum Resort) pertenece a una colección privada de arte de Tenerife que silenciosamente, con coherencia en la búsqueda de nuevas piezas y mediante criterios de calidad que no se dejan confundir por las modas pasajeras, se ha ido elaborando para que ahora la puedan disfrutar los visitantes.