Violeta del Teide

La Violeta del Teide (Viola Cheiranthifolia) es un endemismo de la isla de Tenerife. Es la planta que florece a mayor altura de toda España, localizándose únicamente en andenes cerca de la cima de los Altos de Guajara, en algunas laderas de Montaña Blanca y en las zonas pedregosas de las laderas del Teide, desde los 2500 metros de altura hasta el cráter, y es junto con la retama del Teide, el Rosal del Guanche, la Jara de Las Cañadas y el Tajinaste Rojo, uno de los ejemplares más representativos de nuestro Parque Nacional.

Lamina Violeta del Teide JM Cabrera

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Perteneciente a la familia de las violáceas, fue catalogada para la ciencia por Alexander Von Humboldt y Alexandre Goujaud (más conocido en el mundo de la botánica como Bonpland) quienes habiendo conseguido el permiso de Carlos IV, se emplearon en realizar una expedición científica que les llevó desde 1799 a 1804 por los dominios de España en Sudamérica, viaje que partiendo de La Coruña, llegó a finales de junio de 1799 a Tenerife, donde emprendieron sus primeras investigaciones.

Es una planta muy frágil, suele darse sobre suelos de piedra pómez y pedregales, desde los cuales sus semillas pueden arraigar en el sustrato, encontrándose muy raras veces en las zonas rocosas.

Su flor es muy parecida a la del pensamiento, aunque se diferencia de este entre otras cosas porque sus hojas están cubiertas de un pelo muy fino y suave. Los colores que presenta en sus cinco pétalos pueden variar desde el malva pálido al violeta intenso, con manchas que blancas o amarillas y su época de floración es a mediados o finales de la primavera.

Su fruto está formado por una pequeña cápsula dividida en tres valvas, que contiene unas pocas semillas que no germinarán si no han sufrido un crudo invierno, del cual aprovecharán el agua proveniente del deshielo.

La Violeta del Teide no es una especie que esté en peligro de extinción, aunque se encuentra protegida porque presenta riesgo a medio plazo debido a muchos factores, humanos y medioambientales. Desde 1991 está sometida a un profundo seguimiento para su conservación, pues la introducción de los muflones con fines cinegéticos junto a la presencia de conejos y el pastoreo de cabras han significado una gran amenaza para la especie. A eso hay que sumar la gran afluencia de visitantes y el fácil acceso a los ejemplares, que durante mucho tiempo fueron arrancados por naturalistas y excursionistas, llevando a la especie a un grave riesgo. Entre las medidas llevadas a cabo para su conservación está el vallar zonas donde se encuentran e impedir el acceso y así preservar tanto la Violeta como otras plantas presentes en el paisaje. 

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