Gofio, el "esqueleto del pan" para Miguel de Unamuno

Sobre si el gofio es pesado, "un alimento difícil de digerir", nada menos que el escritor Miguel de Unamuno desmentía esta circunstancia cuando afirmaba que “en ningún caso resulta indigesto”, si bien aconseja "diluirlo en caldo, que es tal y como a mí me gusta”. Cabe recordar que el literato e intelectual vivió en el exilio en la isla de Fuerteventura. 

El número 6 de la revista mensual ilustrada "Canarias en Cuba" -con fecha 28 de junio de 1946- recoge una publicación del intelectual, concretamente el artículo titulado "El gofio. Pan prehistórico", donde desde su "encierro" del "Hotel Fuerteventura", el sabio catedrático reflexiona acerca de una de las señas de identidad de Canarias.

El periodista y colega Sergio Lojendio extrajo fragmentos y en uno de ellos sostiene que el gofio representa el "esqueleto del pan", su precedente prehistórico. Unamuno establece una relación de hermandad entre el gofio y la aulaga, una especie que define como "esa mata esquelética de la que se alimenta el camello".

Llega a plantearse si, "cuando apenas alboreaba la historia", no habría sido un volcán que se iba extinguiendo el que tostara la primera mies del trigo o de la cebada, de manera que así se explicaría el nacimiento del llamado ‘pan prehistórico’.

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Describe al majorero, "a quien el gofio ha debido dar el estoicismo", al ser "el alimento de la austera resignación, de la resignada austeridad". En el referido número de "Canarias en Cuba" explica que el gofio constituye el resultado de molturar "una harina de trigo, de millo, de maíz o de cebada, cuyos granos se tostaron previamente”.

El escritor escribe de forma intensa acerca de “lo artesanal del proceso” y señala expresamente a "la vieja muela de la piedra", originaria de las entrañas de la tierra, describiendo sensaciones como la del grato aroma que la molienda cierne sobre esas pequeñas estancias, precisamente con ocasión de la visita a Puerto Cabras de unos amigos franceses, "cocineros de afición", dice.

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Éstos, relata el escritor, elaboraron un pastel con "gofio, huevos, mantequilla y algo de coñac" al que después de "bien tostado" -continúa con la receta- "echaron miel por encima". En este punto, Unamuno le pone la guinda a la receta cuando precisa que la miel puede ser de abejas o de palma, aquella "que se saca del cogollo de la palmera y que es, a su modo, un esqueleto de la miel".

Elogia sus valores nutricionales, por cuanto explica que resulta recomendable para la dieta de los niños y, en relación con su identidad, censura el hecho de que "los ingleses y norteamericanos se han dado a imitar al gofio poniéndole otra etiqueta y atribuyéndose industrialmente su invención".

Como final, el ilustre pensador sostiene que "es esta isla de desnudez" -descripción que no sólo resulta válida para Fuerteventura sino se hace extensible al resto del Archipiélago-, "la que ha hecho al gofio, como ha hecho la aulaga y al hombre que tuesta el grano y se lo come".