"Erre que erre" con las burbujas y mamparas (y ciencia-ficción)

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BLOG CON CÚRCUMA

Hace unos cuantos años ya me veía afanado (imberbe) realizando un trabajo prolijo de primero de Periodismo consistente en analizar cómo cada medio trataba la misma noticia. Ahí que estaba un servidor tomando minutajes de Pedro Piqueras, entonces en los informativos de Radio Nacional, o términos más utilizados por Cebrián y otros periodistas insignes del momento.

Labor meticulosa que llegaba, claro a exasperar en algunos instantes. Hoy recuerdo aquello como una enorme contribución académica y personal en la forma más eficaz de trillar entre el aluvión de noticias al que estamos sometidos por el impacto del coronavirus. Al margen de las vidas humanas (coloco aquí un imaginado y sentido CRESPÓN NEGRO), que son insustituibles, el menú ('forcejeo') de ideas es insaciable con planes, incertidumbres, fórmulas,... que se lanzan acerca de la gastronomía (entiéndasen todos los sectores y subsectores vinculadas) en algunos casos pudieran llegar a la extravagancia.
Por eso me acuerdo de aquella forma que aprendí de discernir entre informaciones que ahora aplico con lo que leo, escucho, veo y comparto en las redes. Verán, Un ejemplo publicado por "El País" con el título "Del hotel burbuja al restaurante con mamparas" y subtítulo "Los empresarios que dependen del turismo piensan en fórmulas para reinventarse y garantizar la seguridad de los clientes cuando acabe el confinamiento".
Ejemplo pues, entre miles, del que comparto este extracto: "Tomar un gin-tonic contemplando las vistas de Madrid en la lujosa terraza Ginkgo es un placer que seguirá siendo posible este verano dentro de “la nueva normalidad”. Cada visitante tendrá su propia burbuja de higiene: deberán protegerse con mascarillas y guantes, y estarán separados del resto de clientes por mamparas. Cuando alguno quiera asomarse a ver el atardecer, deberá pedir permiso a uno de los empleados y seguir una ruta segura, delimitada en el suelo de esta terraza en la planta 12 del hotel cinco estrellas VP Plaza de España Design".
Comento cada día con amigos, cocineros, restauradores, empresarios,... Todos-as lo hacemos. Me pongo en el ejercicio de visualizarme en una 'burbuja' de esas de los juegos televisivos, como un hamster, incluida la mascarilla de marca (con el correspondiente simbolito) y guantes de novedosos tejidos anti-bicho. Compartiré con 'alguien', en tan espectacular contexto (quizá él o ella enfundados en un traje de alta seguridad), un malta en vaso ancho con única piedra de hielo.
¿Caramba, no contaba con la mampara! No sé, no me da buena pinta. ¿Quiénes estuvieron antes conversando en "a través" de ese muro de metacrilato? "¡No se preocupen! afirma el "camarero' al que no se le distingue expresión alguna por la mascarilla multifiltros que lleva. "Viene ahora un destacamento de la UME para desinfectarlo. Mientras, a mí se me ha derretido el hielo del whisky y me da no sé qué molestar al camarero por tal nimiedad en tan idílico marco y momento...
Verán. Ni mucho menos me lo tomo en plan jocoso o de burleta; de verdad. Sólo digo que entre impactos, desesperación, incertidumbre, cambio radical de normas, tantos días de confinamiento mientras se sucede el descalabro económico y todo ese 'majado' en el mortero de nuestras mentes desemboca en planteamientos que parecen, por de pronto, de ciencia-ficción y escasamente funcionales (a mi parecer).
En mi caso, insisto, no seré yo quien ponga pegas o emita un solo 'pero' en cuestiones de las que no sé acerca de viabilidad técnica y empresarial pero sí asentir ante lo que me parece plausible. Comentaba mi amiga Isabel Díaz (Perelada-Chivite, Taittinger) acerca de estas alternativas. Ella esbozó una idea que me parece acorde con el sentido común como es el hecho de que si se pudieran realizar pruebas inmediatas antes de entrar a un establecimiento de restauración, a un hotel, a un bar, a un avión,... 
Pudiera ser que no se pudiera materializar, evidentemente, y al margen de las normas de distanciamiento social e higiene, se plantearía como ese lugar en el que los empleados ya se han hecho el test antes de entrar en el local (con la correspondiente trazabilidad en Sanidad). A lo mejor el grupo que va a comer (nunca más de cuatro) acude diez minutos antes. Se hace la prueba. Conforme (y queda registrado). También es verdad que 'bonitos' se nos van a quedar los dedos si properase esta vía.
Sobrarán millares de ideas. pero imagino que ponerse a colocar mamparas y sistemas de burbujas a mansalva para anticiparse, bajo mi perspectiva personal, no sé yo si será una inversión que pueda ser rentabilizada ante un panorama que se vislumbra de continuos cambios y transformaciones prácticamente a diario.