Betis: primera visita y ‘rasquera’

La lucha de rasquera es propia de nuestro deporte vernáculo. Es “el desafío que hace un luchador a otro que anteriormente le ha vencido para saciar su orgullo y demostrar en la revancha su valía de luchador”. En muchas ocasiones tiene lugar tras acabar la luchada y sólo en casos muy concretos puede haber una rasquera entre equipos, generalmente al día siguiente o en una fecha muy próxima. En el mundo del fútbol, al menos en la actualidad, es casi imposible plantear una rasquera. Hay alguna posibilidad en el patio del colegio, pero ninguna en el deporte profesional, con calendarios cargados y obligaciones miles. Hace casi un siglo la situación era diferente.

En 1919, el Betis se convirtió en el primer equipo peninsular en realizar una gira por Canarias. En Las Palmas se midió con Real Victoria, Gran Canaria y Marino (en dos ocasiones) sin conocer la derrota. Y en Tenerife, el campeón andaluz superó al Hespérides en una ocasión y al Tenerife en dos. Antes de que el equipo sevillano regresara a casa, se acordó la disputa de un tercer encuentro entre Betis y Tenerife, en el que se ponía en juego una preciosa copa donada por el Ayuntamiento de Santa Cruz. Y la cita quedó fijada para el 17 de noviembre de 1919 “ante una concurrencia grandiosa, como no recordamos ninguna otra”, según se recoge en 'La Gaceta de Tenerife'.

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Formación del CD Tenerife de la época.
A las cuatro de la tarde y con el arbitraje del señor Lynnes, aquel Tenerife Sporting Club que sería germen del actual Tenerife formó con: Maximino Acea; Rodríguez Bello, Cabrera; Francisquillo, Benito, Gonzalo; Romero, Julio, Arsenio, Corbella y Gregorito. Al final del encuentro, tras una intensa lucha, el marcador no se movió. En ello tuvo mucho que ver Maximino Acea, guardameta local. Y es que antes de ser presidente del Cabildo de Tenerife durante la Segunda República y fundador y máximo dirigente de la Compañía Cervecera de Canarias a lo largo de cuatro décadas, Acea fue un portero sobresaliente y una de las primeras figuras del fútbol tinerfeño.

Aquella tarde, Acea le detuvo un penalti al Betis “detuvo un penalti “a pesar de que el árbitro obligó al guardameta tinerfeño a colocarse justo debajo del larguero, sin permitirle avanzar ni un centímetro, como mandan los cánones”. Acabado el choque, el señor Lynnes propuso prolongar el partido unos minutos, para deshacer el empate… y entregar la Copa al equipo ganador. Pasado un tiempo prudencial, la falta de luz aconsejó dar por finalizado el partido, pero allí mismo se acordó, al estilo de la lucha canaria, un desafío de rasquera, “para mañana mismo, en el mismo sitio y a la misma hora”. Y al día siguiente volvieron a verse otra “ante un lleno histórico”, pese a ser día laborable.

El extremo Croissier, novedad en el once tinerfeño, inauguró el marcador y, poco después, Rodríguez Bello transformó un penalti. Y aunque en la segunda mitad el Betis acortó distancias gracias a su ariete Navarro, llegado de la Península el mismo día del partido, no pudo empatar. Y el Tenerife se adjudicó una copa de la que todos bebieron “en fraternal compañía” en el café Excelsior. Ya por la noche, ambos equipos compartieron banquete en Villa Benítez. Y horas más tarde, los béticos embarcaron hacia Sevilla. Eran otros tiempos.