Atraco en Argentina

El Tenerife 92-93 llegó a la recta final de la Liga con opciones de clasificarse para la Copa de la UEFA por primera vez en su historia. Con una plantilla justa, compitiendo por un objetivo desconocido y sin Fernando Redondo, lesionado de gravedad, la lógica invitaba a aprovechar un parón liguero de dos semanas –mientras la España de Javier Clemente se jugaba ante Irlanda del Norte la clasificación para el Mundial de Estados Unidos 94– para descansar y recuperar tocados.

Sin embargo, la percepción de “una importante cantidad económica” aconsejó que el equipo se fuera de excursión a Argentina para disputar dos amistosos ante el Independiente de Avellaneda y el San Lorenzo de Almagro. En lugar de viajar entre quejas y malas caras, el técnico, Jorge Valdano, logró que los jugadores lo vivieran como “una fiesta” y “una oportunidad única”.

También viajaron a la carrera, horas después de derrotar (2-1) al Espanyol en el Heliodoro con dos goles de Quique Estebaranz y Pizzi en los cuatro primeros minutos. La plantilla se fue del vestuario al aeropuerto Reina Sofía sin tiempo casi ni para cenar. Y a ocho jornadas del final, lo hizo desde el quinto puesto de la clasificación. En el último lugar que aseguraba una 'plaza UEFA', por delante del Atlético de Madrid y de un Sevilla que contaba con Simeone, Suker y Maradona. También viajó con una actitud conmovedora de Chemo del Solar, que en la primera mitad del partido ante los periquitos se fue a los vestuarios con un chorro de sangre saliendo de su frente y volvió a los pocos minutos con un costurón para aguantar hasta el final. “No me cambie, míster, no me cambie”, le gritó a Valdano antes de abandonar el césped. Así, llenó de fútbol y de raza estaba aquel Tenerife.

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Hotel Conte de Buenos Aires

Y aquel Tenerife disfrutaba de su estancia en Buenos Aires –saldada para los jugadores con dos derrotas ante Independiente (1-0) y San Lorenzo (3-1), pero con turísticas visitas al Viejo Almacén, a un partido de Boca Juniors en La Bombonera o al Delta del Tigre– cuando los directivos regresaron al hotel Conte el 23 de abril de 1993 tras una excursión por las cataratas de Iguazú. 

Al llegar a su habitación, el vicepresidente Adelardo de la Calle descubrió que le habían sustraído unos 35.000 dólares (cuatro millones de pesetas, al cambio de entonces) destinados a “gastos varios”. Luego, denunció el robo en comisaría acompañado del abogado del club, José Domingo Gómez, que había viajado a Argentina como aficionado. El club, lógicamente, culpó al hotel, que no tenía caja fuerte en recepción y obligaba a guardar importantes sumas de dinero en las cajas de seguridad de las habitaciones.

Sin embargo, los responsables del establecimiento filtraron que la puerta de la habitación del vicepresidente no había sido forzada y sugirieron que era “un auto-robo”. Y la prensa, que es mala, malísima, que es perversa, malévola y pérfida... y que además tiene buena memoria recordó que al anterior técnico, Jorge Solari –que, curiosamente, ese día estaba en Buenos Aires– le habían desaparecido 23 millones de pesetas en una extraña maniobra de evasión de divisas hacia Miami. Y que en su día, el Tenerife prometió compensarle por las facilidades que dio en su proceso de destitución.