Hoy, muchos años después, regreso al pueblo para llevar en primicia mi nuevo libro, Delirios de madrugada

Querido hipotético lector, hoy voy a dejarte aquí un trocito de mí esencia de vida.

Nací en Santa Cruz de Tenerife, pero cuando pienso en “mi pueblo” nunca llega a mi mente la Rambla General Franco (hoy Rambla de Santa Cruz) donde abrí los ojos al mundo, ni siquiera el Barrio de la Salud que escuchó mis primeros lloriqueos, sino el pueblo donde tengo mis raíces familiares, El Escobonal.

Y tú te preguntarás que tiene que ver ese pueblo ubicado en el corazón de Agache con mi mundo de letras, pues lo tiene y mucho. El primer recuerdo que llega a mi memoria sobre mi obsesiva afición a la lectura, precursora de lo que vino después, viene de la época que viví allí, entre mis 7 y mis 10 años de existencia; por entonces ya sabía leer con soltura y me tragaba todo papel que tuviera letras impresas, desde las novelas de Marcial Lafuente Estefanía de mi padre hasta un trozo de periódico que el viento hiciera revolotear entre mis piernas en el camino de vuelta a casa, desde mis clases con María Lola, por el sendero de tierra que me llevaba hasta La Chapa. Años más tarde, cuando la edad adulta y la vida misma me llevaron de nuevo a sus calles y caminos, invertí grandes dosis de tiempo de lectura y escritura entreteniendo los fines de semana que pasaba en casa de mis suegros.

En ese espacio vital vio la luz mi primer escrito publicado en el programa de las fiestas de El Escobonal y más tarde en el periódico, mi primera novela, Sueños de pescador, mi primer trabajo sobre folclore, Agacheros 60 años de folclore, y también en esa zona se gestó mi segundo trabajo folclórico, Nuestros bailes paso a paso. Mucho debo agradecer a mi pueblo por aportarme la paz necesaria para enfrascarme en mis creaciones literarias, esas que tanto y tan bueno han traído a mi vida.

Desde entonces ha llovido mucho, e infinidad de soles han acariciado mi cuerpo en el muellito de El Tablado, zona costera de pueblo. Allí soñé con esa sirena que marcó mi trabajo narrativo. Allí surgieron otros personajes que dieron vida a mis relatos, poemas y canciones. Allí le di la mano a la vida literaria y me quedé prendida a ella para siempre.

Hoy, muchos años después, regreso al pueblo para llevar en primicia mi nuevo libro, Delirios de madrugada, 45 poemas que he ido construyendo verso a verso con mi buen amigo grancanario Eduardo Savinien en esas madrugadas de insomnio que a veces nos reúnen en la red.

Siempre presenté mis libros en El Escobonal, pero esta será la primera ocasión en que lo haga allí antes que en cualquier otro lugar de la isla, hace tiempo que lo tenía en mente y por fin este año podré hacerlo. El martes 7 de agosto será la cita, a las 9 de la noche, en el Centro cultural. Al finalizar el acto de presentación actuará un joven agachero de pro, actualmente en primera línea a nivel nacional, Árgel Campos, al que por fin podré conocer en persona y que nos deleitará con su buen hacer musical.

En esa noche mágica también estará a mi lado, como no podría ser de otra forma, mi compañero de letras Eduardo Savinien, y también nos acompañará leyendo poemas del libro algunos amigos escritores y poetas que han querido arropar el evento. Más ilusionada no se puede estar.

Llevaré también los libros de la Colección AOC que su presidenta, Albertine Orleans, me ha hecho llegar para entregarlos a los fondos de la biblioteca del Tagoror Cultural de Agache. Entre ellos hay también uno mío, Crisol de letras, libro solidario cuyos beneficios irán íntegros para la Asociación Kairós que ayuda a paliar con alimentos las carencias de cientos de familias en Santa Cruz. Aún quedan algunos ejemplares de este libro de relatos que podrán adquirir cuando deseen.

Muchas gracias a la comisión de fiestas por permitirme hacer realidad un sueño.