¿Y si nos queremos? Claves para una relación sana contigo mismo

La mayoría de nosotros buscamos a alguien para amar o que nos ame. No pensamos en empezar por nosotros mismos. En querernos. Y esta suele ser la fuente de muchos de nuestros desencantos. Porque ¿cómo querer si no nos queremos? o ¿cómo saber cómo queremos que nos quieran si no nos ocupamos de saber cómo nos queremos?

Es cierto que esto de querernos ha tenido muy mala prensa. Se asocia con el egoísmo o, incluso, el narcisismo. Pero no tiene nada que ver, ni con lo uno ni con lo otro. Querernos es el principio básico para la construcción de nuestro bienestar mental. Dicho de otra forma, hacerlo son los cimientos que fundamentan una vida plena y satisfactoria.
Aprender a querernos es un esfuerzo que vale la pena. ¡Y que tiene claros beneficios! Quienes se quieren muestran un mejor manejo del estrés, duermen mejor, tienen una mayor salud cardíaca, viven más tiempo, tienen una mejor autoestima y compasión, son más felices y disminuyen su riesgo de padecer depresión.
Nuestros supuestos defectos, errores y cosas que nos pudieron afectar, nos pueden condicionar, pero no son quienes somos. Una vez que entendemos esto, podemos comenzar a cambiar el concepto que tenemos de nosotros mismos, respetándonos y apreciándonos.
A continuación te propongo algunos pasos que puedes seguir para conseguirlo.

Aceptación
Cuando no nos aceptamos, fortalecemos un autoconcepto negativo. La baja autoestima se refuerza a sí misma, dificultando el cambio y la autoaceptación. Paradójicamente, cuando aceptamos nuestras deficiencias, es más fácil dejarlas ir.
La autoaceptación es mayor que la autoestima, y allana el camino para el amor propio. Significa honrarnos y aceptarnos a todos, incluidos nuestros defectos, apariencia, nuestros errores y sentimientos.


Perdón
Lo que hicimos no es quiénes somos. Condenarse a sí mismo es perjudicial. Superar la culpa nos libera del pasado y de la persona que una vez fuimos. Allana el camino para la transformación, integridad, autoestima y amor propio. Y facilita -si es necesario-, la reparación del daño que podamos haber causado a otras personas.
Es difícil amarnos a nosotros mismos cuando albergamos odio hacia otra persona. El resentimiento nos estanca. Cuando perdonamos, nos sentimos más libres. Asimismo, a medida que desarrollamos la autocompasión y nos perdonamos a nosotros mismos, somos más receptivos y compasivos con los demás.

Autoestima
¿Te enfocas en tus defectos y niegas o das por sentado tus atributos positivos? Nuestra mente no distingue entre los elogios que provienen de los demás o nuestras propias palabras y pensamientos.
Practica apreciarte a ti mismo y a los demás. Cada día escribe tres cosas que hiciste bien y de las cuales te sientes orgulloso. Concéntrete en lo positivo, en lugar de lo negativo. Ten paciencia. Se necesita tiempo y constancia para reemplazar los malos hábitos con aquellos que potencian la autoestima.


Expresión
Ya sea por crecer en un familia desestructurada o por traumas que puedas haber sufrido, cuando negamos nuestros emociones dolorosas, también bloqueamos las positivas. Cuando bloqueamos el dolor, no podemos sentir alegría. Y nos adormecemos.
Reprimir los sentimientos es una forma de rechazarnos a nosotros mismos que puede conducir a la depresión y otros trastornos mentales. Cuando expresamos nuestros sentimientos, necesidades y deseos aprendemos a querernos. Los sentimientos negativos se disuelven, y los positivos se multiplican. En cierta forma, nos liberamos y tenemos más energía para seguir adelante.

Deseos
Cuando ignoramos, ocultamos o descartamos nuestras necesidades y deseos, nos volvemos irritables, resentidos e infelices. Reconocerlas y trabajar para conseguirlas es una clave para la felicidad. Hacer aquello que nos hace sentir bien aumenta nuestra autoestima.

Ayuda
El camino hacia el amor propio no resulta fácil. En muchos sentidos es como una desintoxicación de todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos están haciendo daño. Es posible que, al principio, necesites ayuda para conseguirlo. No temas acudir a una consulta de psicología para conseguirlo.

Leocadio Martín | AH