11 años después

Seguimos siendo los pobretones del barrio. Ya está bien. Yo entiendo que más de un político de esta tierra se tiene que morder la lengua por aquello de la cortesía institucional (mientras se la muerdan y no salga veneno...), pero en general, la plebe está ya hasta los mismísimos de que Canarias vaya siempre en el vagón de tercera de un Talgo, mientras que otros viajan en primera clase en el AVE.

De aquella manera Institucional, con educación atemperada vino a decirlo ayer un tipo que no suele cortarse, Casimiro Curbelo (también conocido por el Gran Lagarto Gomero), acerca del reparto de las perras que llegan del Estado: “la situación que atraviesa Canarias urge a la modificación del sistema estatal de financiación autonómica para poder atender a las necesidades de las Islas. Ya en 2009, el reparto de fondos era injusto con las Islas, por lo que, tras este tiempo y con los efectos causados por la Covid-19, se hace aún más necesario que se ajuste a la realidad, ya que actualmente es perjudicial para Canarias”. 

Traducido al “idioma” gomero de cualquier esquina de La Villa: “ya está bien carajo, que llevamos 11 años aguantando la misma historia de ser los hermanitos pobres de Papá Estado, con más población (somos medio millón más de habitantes), con el mismo índice (o más) de pobreza y exclusión social (de los más elevados del país), con unas cifras de paro escandalosas, y siendo aquellas buenas gentes que viven por allá abajo al lado de África, con unas playas cojonudas, eso sí”. Para esto último sí que saben ordeñar bien la vaca.

El reparto desde el Estado a las 17 Comunidades Autónomas es para atender los servicios esenciales: Sanidad, Educación o Atención Social. Cuando se aprobó en 2009, la idea era trabajar de inmediato sobre un nuevo sistema de reparto más equitativo. Han pasado once años, y seguimos con la misma cantaleta y la mano puesta esperando limosna.

El bueno del Presi Ángel Víctor sabe que se está colocando en una situación muy incómoda: poner buena cara a los Patrones de Madrid (regalando un timple si hace falta) y sentir las miradas, y hasta los bufidos, no solo de la oposición, sino de sus propios socios del Pacto Floreado, que (exceptuando a Podemos por razones obvias) van cantando folías de desamor por pasillos y esquinas. Creo que toca sacar a pasear el extintor...