Pensaba en el Rey Juan Carlos... (1)

Fue ya hace años en Fuerteventura. Yo trabajaba en Presidencia del Gobierno, con Adán Martín, y ese día venían los Reyes a inaugurar el curso escolar. Y para allí fuimos a recibir a Su Majestad. Todo fue bien. Mi queridísimo compañero Manuel Martínez Fresno, Jefe de Protocolo, hizo un magnífico trabajo, y yo hice el mío como pude. Y es que Manolo, siempre fue un tipo que supo brillar.

¿Y el Rey...? pues se dejaba querer por la gente, porque la gente lo quería. No olvidaré ese día. Al acabar el acto fuimos a desayunar algo con el personal de la Casa Real, periodistas y autoridades varias, y como no, haciendo gala de su habitual manera de ser, apareció el Rey. Iba de tribu en tribu, café en mano, acompañado de un asombrado Adán (se llevaban muy bien), preguntando a todos qué tal y esas cosas.

Al llegar a nuestro grupo, todos periodistas, se dirigió a mí y me dijo: “¿Qué tal la Prensa, ¿Cómo ha ido el acto, Negrín?” Obviamente yo pegue un respingo al oír mi apellido, susurrado en la oreja del Rey, seguramente por el adjunto de Prensa de La Casa Real, Juan Carlos Zamora. “Todo bien Señor, ha ido bien” le dije. Entonces, D. Juan Carlos, me puso la mano en el hombro en un gesto de agradecimiento. Y yo, a quien los dioses no le dieron el don de mantener las distancias, hice lo mismo...y puse la mano en el hombro de tan regia persona. Para que fue aquello...

Lo siguiente que recuerdo fue una mano que estrujo la mía. Teniente coronel de la Guardia Civil al mando de la Escolta Real: “no se toca a su Majestad...”. Al impacto del gesto, acudió presuroso en ayuda el propio Rey: “tranquilo Hernández, éste es de los nuestros...”. Y mirándome dijo: “discúlpales, hacen su trabajo”. Y tanto que lo hacían, que el tipo no me quitó ojo el resto del día...

Que quieren que les diga. Imagino que la Justicia hará su trabajo y nos dirá si El Rey cometió delitos con negocios oscuros. Y si es así, supongo, pagará por ello. Yo solo sé que aquel día me fui a casa feliz. Había hecho bien mi trabajo...y me lo había dicho Su Majestad (mano en el hombro incluida, y apretujón de la Benemérita de regalo). Para un pibe, eso era importante.