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Chicos y chicas de la Asociación JÄSLEM en una exposición de cuadros en la sala del Parque García Sanabria / ASOCIACIÓN JÁSLEM

Asociación JÁSLEM y la educación para el futuro de personas con discapacidad intelectual

Tubigú

En marzo en 2016 se ponía en marcha en Tenerife una asociación necesaria. Un colectivo que llenaba un vacío existente para algunas personas con discapacidad intelectual y sus familias. Se trata de la Asociación JÁSLEM (Asociación educativa formativa, ayuda y apoyo a las personas con síndrome de Down y otras discapacidades), con quien atlanticohoy.com ha contactado para conocer su labor solidaria, concretamente con su secretario de la Asociación, Sergio Rodríguez Buenafuente.

Rellenar un vacío

La Asociación JÁSLEM, que cumple un lustro este 2021, surge “porque había familias con personas con discapacidad intelectual: por otra parte, profesionales, y por otra, como es mi caso, tenemos esa inquietud de echar una mano sin estar relacionado con el campo ni familiares directos”, relata Rodríguez. Formar, educar y servir como recurso para personas con discapacidad intelectual es la clave de este colectivo.

En la mayoría de asociaciones de este campo ha predominado un enfoque más hacia el ocio, y la socialización, pero quedaba ese hueco de apoyo en la etapa escolar para que tengan éxito en los estudios. “Sí hay una integración en las aulas de las personas con discapacidad intelectual, pero no tienen todos los apoyos que necesitan”. Sergio Rodríguez señala que hay pocos profesores EPT, recursos materiales sin tiempo para adaptarlo, falta de formación específica... “Estas carencias son las que nosotros pretendemos suplir”, apunta.

El panorama más duro

Sin embargo, donde más incide el secretario de la Asociación JÁSLEM, es en la etapa preadolescente, cuando termina el colegio. “Hasta ahí, hay aulas enclaves, pero desde ahí... Solo hay dos adaptaciones de Formación Profesional”. En este sentido explica que estas personas “no tienen posibilidad de seguir formándose con vistas de incorporarse a un mercado laboral. El panorama es un poco duro para ellos y sus familias”. Además, estos chicos y chicas empiezan a ser conscientes de que “su grupo de amigos ya no es el mismo y sus amigos empiezan a ir por otro lugar”.

Por ello, Rodríguez apunta que la Asociación tiene convenios con empresas para que puedan hacer prácticas. “Cada persona tiene sus habilidades particulares e intentamos buscar convenios en lo que las personas sean buenas. Que haya una formación muy orientada hacia el mercado laboral. No basada en talleres internos, que también los hay”.

Inicios de Asociación JASLEM

Una de las cosas que más les sorprendió fue que les llegaban personas con mayores de 16 años, familias que les comentaban que su hijo o hija tenía una discapacidad intelectual, pero no estaba diagnosticada. “El problema es que no encuentran apoyos, porque la mayoría de asociaciones están agrupadas por síndromes asociados”, analiza Rodríguez. “Muchas personas se han quedado en el limbo sin tener un apoyo específico y entonces nos han llegado y menos mal. Damos respuesta a familias que no encontraban apoyo”, añade.

Abrir una asociación “es un poco perverso”, comenta Sergio Rodríguez. Así, cuando presentas el proyecto, “las empresas tiene unos baremos de puntuación” para subvencionar o dar ayudas. Si la entidad es nueva, con pocos usuarios y pocos socios colaboradores y sin utilidad pública, “a las entidades nuevas les cuesta el doble y en muchas convocatorias quedan excluidas”. No por el proyecto, sino “por la baremación comparativa con otras asociaciones, por unos parámetros que no miden bien qué bueno es el proyecto”, confiesa el representante de la Asociación JÁSLEM.

Pandemia

La pandemia de la covid-19 afectó gravemente los planes de todas las empresas y asociaciones. Y en este caso, no fue menos, sufriendo importantes complicaciones. Sobre todo, en la búsqueda de financiación. Normalmente, la Asociación JÁSLEM encontraba esa financiación en almuerzos solidarios, exposiciones de cuadros o evento de moda solidaria, entre otros. “Son eventos recaudatorios y promocionales”. Sin embargo, todo eso “se fue al traste por la pandemia”.
Además, tampoco podían dar las actividades de ayuda y apoyo de forma directa. “Intentamos mantener el contacto todo lo posible, pero hubo una degradación en los resultados”. Aun así, la vocación solidaria hizo que fueran de las primeras asociaciones que retomaron su labor, abriendo el 1 de junio 2020. No obstante, por la pandemia “se notó en lo económico y en los resultados de la evolución de los usuarios y se sigue notando”.

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