Amaral siempre dice ‘sí’

"Se buscan hombres para peligroso viaje. Salario reducido. Frío penetrante. Largos meses de completa oscuridad. Constante peligro. No se asegura el regreso con vida. En caso de éxito, es posible que se reciba honor y reconocimiento”. Cuenta la leyenda que éste fue el texto del anuncio que Ernest Shackleton publicó en 1914 en 'The Times' para reclutar la tripulación del 'Endurance' en su expedición a la Antártida en busca del Polo Sur. Un texto similar debió acompañar la propuesta presentada por José Antonio Barrios cuando casi un siglo después buscaba entrenador para un club sin presidente, sin directivos, sin dinero, sin aficionados y sin respaldo social.

Además, la misión era dirigir a un equipo convertido en una ruina deportiva, que sumaba once jornadas sin ganar y cuatro puntos sobre 33 posibles. Y que estaba enfrentado con aficionados y medios de comunicación. La amenaza, más que acabar en Segunda División B, era la desaparición. Había pocas opciones de cobrar un euro y muchas de vivir un descenso traumático. Y las posibilidades de honor y reconocimiento, incluso en caso de éxito, eran escasas. Sin embargo, el 2 de enero de 2006 un valiente dio un paso al frente para resucitar aquel cadáver. Fue David Amaral (Villa de Arico, 1958), un hombre que siempre dice 'sí' cuando le llama el Tenerife.

Ya lo hizo cuando era un pibe y brillaba en un emergente Toscal. Y también cuando la Alternativa Blanquiazul que lideraba Javier Pérez le pidió que regresara desde Binéfar a pesar de que, un año antes, el Tenerife, su Tenerife, le había echado como a un apestado. Y volvió a decir 'sí' cuando, tras sufrir trece años de exilio por un delito que no cometió, los nuevos rectores del club le quisieron como entrenador en enero de 2003. Finalmente, cuando en esas fatídicas navidades el 'Tigre' Barrios le invitó a coger el timón de un barco sin capitán y sin rumbo, también dijo 'sí'. Y aunque le entregaron un cadáver, logró darle vida con tres triunfos y dos empates en seis partidos.

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David Amaral.

Además, miró a la cantera y descubrió una joya: Ricardo León. Con David en el banquillo, el Tenerife se alejó del descenso y volvió a congregar a casi quince mil personas en el Heliodoro. Una inmerecida derrota (0-1) ante el Castilla y la llegada de un nuevo consejo de administración, con sus respetables preferencias, precipitó su marcha. Se fue sin rencor. Y cuando ese mismo consejo le volvió a llamar para encargarle un imposible un lustro más tarde, en abril de 2011, volvió a decir que 'sí'. A David [284 partidos oficiales y 46 goles como jugador del Tenerife] hay que reconocerle que dedicara los mejores años de su carrera como futbolista a la causa blanquiazul.

Además, desde el césped lideró tres ascensos de categoría. Y es el único jugador que puede presumir de ello sin haber vivido jamás un descenso. También hay que agradecerle la labor realizada desde el banquillo en los 66 partidos oficiales en los que dirigió al Tenerife. Pero, sobre todo, merece un lugar en la historia porque se negó a ver morir a su equipo. Y porque siempre que le llama su club, dice 'si'. Aunque no reciba honor ni reconocimiento.