A la UEFA con el ‘estilo Jupp’

Jupp Heynckes (Alemania, 1945) es uno de los mejores entrenadores que ha tenido el Tenerife a lo largo de su historia. Y uno de los mejores técnicos que ha tenido el fútbol europeo. Le avalan, entre otros argumentos más ligados al gusto o la estética, las frías cifras: tiene los mejores números de un preparador blanquiazul Primera División. Y los logró con un fútbol que alcanzó muchas veces la excelencia y casi siempre el notable. Eso sí, tras dos años en la Isla se fue con más admiradores que amigos. Era difícil no apreciar su trabajo intenso, su dedicación, su seriedad, su honestidad, sus profundísimos conocimientos tácticos, su lectura de los partidos... Pero aún era más difícil quererle. Y marcó el 'estilo Jupp' desde el estreno. A los jugadores, a sus colaboradores... y a los consejeros.

En su primer viaje con el equipo, para jugar el Trofeo Naranja, cuando un vicepresidente y un consejero iban a sentarse en su mesa para almorzar, tal y como habían quedado, los saludó con un “¿dónde van ustedes?”. “A comer, míster, como dijimos”, respondió con una sonrisa el 'vice'. “En esta mesa se come a las dos en punto y son las dos y dos minutos. No es posible para ustedes comer aquí”, cerró Heynckes. Durante dos años fue así de estricto. Con los demás y consigo mismo. En El Mundialito, por ejemplo, siempre se escuchaba un grito: “Fiiigeeeegoooooaaaa”, decía. Y el utillero, Juan Figueroa, ya sabía que los balones no estaban perfectamente hinchados, que faltaba alguna botella de agua, que los conos o petos no eran suficientes… O que se había ido la luz, como si el bueno de 'Figue' trabajara en Unelco.

Con la prensa no era simpático, pero sí atento. Y con los aficionados, igual. Si querían un autógrafo o una foto con él, estaba dispuesto. Lo de sonreír para la foto... ya es otra historia. Era alemán... y punto. Para lo bueno (mucho) y para lo no tan bueno. Ahora bien, el equipo jugaba de maravilla. Y regaló varias exhibiciones inolvidables. En la Liga 95-96 batió récords de puntos, acabó quinto y se clasificó para la Copa de la UEFA, dejando sin plaza europea ¡al Real Madrid! Y logró que Juan Pizzi exhibiera su mejor versión: marcó 31 goles, logró el trofeo pichichi y compartía la bota europea con el inglés Alan Shearer [aunque, pasado el tiempo el galardón se lo llevaría el liutuano Endeladze, lo que obligó a cambiar las normas y dar más valor a los goles logrados en las grandes ligas].

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Los jugadores del CD Tenerife celebran la clasificación para la UEFA

En la despedida liguera, el 25 de mayo de 1996 en Gijón, el Tenerife tenía que ganar para asegurar la plaza UEFA. Y si Pizzi marcaba era bota de oro en solitario. Heynckes alineó a: Ojeda; Llorente, Antonio Mata, César Gómez, Alexis Suárez; Aguilera, Chano (Ramis, 85’), Jokanovic, Pinilla (Felipe, 81’); Juanele y Pizzi (Vivar Dorado, 78'). Han leído bien: el Tenerife ganaba 0-2 con goles de Aguilera (17’) y Pinilla (46’) cuando, a un cuarto de hora del final, el técnico se dispuso a sustituir a Pizzi. Los compañeros se extrañaron porque el partido ya estaba resuelto y Felipe, el capitán, que calentaba en la banda, fue el primero en llegar hasta Heynckes. “Míster, míster, no cambie a Juan. Le falta un gol”, dijo en una frase llena de cariño hacia el compañero que les había llevado al éxito con sus tantos.

“Feggguipe, ¿desde cuándo es usted el entrenadoggggg”?, fue la respuesta. Era el 'estilo Jupp'.