360 en Polonia (un Erasmus en Cracovia, por favor)

Cracovia tiene una belleza incuestionable, añeja, entre adoquines y bares y tienditas de toda la vida. Del motivo de esa belleza diferenciadora que rememora a las postales en blanco y negro me enteré hace poco de boca de una amiga polaca (no de Cataluña para los futboleros de la ESO), una poloca, Mariola, de Varsovia.

A diferencia de otras ciudades que fueron masacradas, Cracovia, y su plaza principal como uno de los grandes reclamos, apenas fue castigada por los Nazis en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.  Allí entraron los alemanes casi sin oposición y allí establecieron la capital de la Polonia ocupada. El 360 de este post se hizo hace tres años, en un frío y gris mes de octubre, en una viaje corto de esos que puedes hacer gracias Ryanair y Airbnb sin que la cartera tiemble.

Éramos siete amigos en el viaje. En este vídeo mañanero en la llamada Plaza del Mercado aparecemos sólo cuatro, los otros tres se quedaron acunando la resaca en el apartamento. Y de eso va esta entrada en el blog. Para ¡exclamar! la absoluta, calmada pero arrolladora vida nocturna de Cracovia.  Yo estuve de martes a domingo. Creo que recordar que salimos todos los días de marcha (y luego madrugué siempre e hice todas las excursiones –Minas de Sal y Auschwitz) y cada día peor, o más intenso, o con más gente en los bares, o con más borrachos casi desmayados, o más karaokes… Absoluta porque casi todos los bares estaban llenos, los martes también; calmada porque no había bullicio en las calles –está prohibido beber a cielo abierto- y arrolladora porque puestos a ser noveleros (y nosotros lo fuimos) era imposible no integrarse y quedarse a cerrar submarino a submarino (pintas de cerveza con chupitos de tequila dentro) todo el  bar que fuera necesario.

Allí, ciudad universitaria donde late en apogeo el corazón Erasmus, todo iba más o menos normal hasta las dos de la mañana, cerveza arriba, cerveza abajo…  entonces empezaban las eses, los zig zags, los desmayos, los reyes del karaoke, los porteros de los bares desalojando borrachos, sobre todo borrachas, y muchísimos saltándose la prohibición de fumar… y estoy hablando de la noche de un martes (un martes de octubre) que es de cuando más clarito conservo los recuerdos…

La visita a Auschwitz queda para otra entrada.